Sí amigos, ¡hoy volvemos con otra apasionante entrega de mi conserje y sus mensajes en el ascensor!
Como la vez pasada, un desaprensivo puso su huella sobre las inmaculadas y carmesíes paredes del elevador, así que mi conserje, como hombre de su tiempo, aprovechó para hacer una reivindicación sobre la crisis. ¡Disfrutad de ellas mis pequeños y aprended del maestro!


No, lo siento chicos, el conserje no se vende.
¡¡Besoteeeez!!
Plebe.
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