Jueves, 26 de noviembre de 2009
Por Lizarman11 @ 0:45  | Relatos
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Recibí conciencia con una sobtadez generalmente reservada a los recién nacidos, y muy al igual que ellos, mi primera visión fue suficiente para hacerme romper a sollozos. Intenté retroceder, de volver a la nada de la que había venido, pero me encontré paralizado, mi cuerpo no era mío, solo podía contemplar con horror el mundo en el que me encontraba.

Ladrillos y bloques resquebrajados formaban una ruta interminable ante mí, mientras que detrás yacía únicamente una masa plana de negrura mas oscura y vacía que el lugar del que había venido. Piedras y restos de artilugios flotaban aquí y ahí, como helados tras haber sido alzados por una explosión masiva. Enormes tubos cual bocas bostezando adornaban esta estrecha y titánica autopista, y la vía se había incluso derrumbado en algunas secciones, para mostrar desalentadoras mandíbulas de olvido.

No era este extraño paisaje lo que me llenó de horror. Algo masticaba y erosionaba los límites de mi resistencia mental, era la sutil... consciencia del lugar lo que me hacía retroceder en mi helado cuerpo. En todas partes, rostros medio-definidos me espiaban desde los ladrillos, el suelo, las nubes. Ojos en todas partes, sin vida, pero con una inteligencia burlona, predatoria, aparentemente contemplando, su insípido vacío desapareciendo cuando eran percibidos con suficiente atención.

Encarado entre el vacío nada detrás mío, o el horror desconocido delante, obligué a mis extremidades entumecidas a avanzar, cada paso un recio suplicio. Mantuve mis ojos fijados hacia adelante, viendo solo el siguiente paso, la siguiente piedra. Nunca fijándome en las islas de ladrillos flotantes y decadentes que flotaban por encima mío, ni a los rostros burlones que se reían de mi calvarie desde cada grieta.

Tras unos pocos en mi viaje me paralicé, prácticamente retrocediendo hasta impactar a la pared de nada detrás mio en vez de dar otro paso. Donde antes no había habido nada excepto la ruta en ruinas, ahora había otro viajante. Arrastraba sus pies hacia adelante, encorvándose bajo su propio peso putrefacto, unos bulbosos muñones de pies lentamente arrastrándose a lo largo del camino. Dos fijos, vacíos ojos flotaban en la hinchada, hongosa masa que era su cuerpo, fijados en mi con la incómoda fijación de una mente tan aliena a la mía como un pez abismal del fondo del mar.

Me quedé quieto, helado, incapaz de razonar mientras avanzaba, su resollante cuerpo apenas mas grande que el de un niño. Sus contemplantes ojos estaban fijados en mi, mientras la bulbosa cosa se aproximaba cada vez más. No me podía mover. Retirarme supondría mi eventual captura por parte del ser, pero avanzar supondría cruzarme con él, y solo el pensamiento de tocar... eso...

Yo realicé la decisión, puesto que la cosa se acercaba demasiado, fui forzado a actuar. Por horror o rabia, me lancé hacia adelante, chillando sinsentidos, y golpeé a su cuerpo hinchado. Lo pateé y pisoteé, aplastando la fofa y demasiado suave carne bajo de mí, sollozando en horror al sentir la carne tocarme, y luego derretirse, pudriéndose hasta la nada en segundos, pero dejando tal memoria sucia en mi que supe que podría sentir el soso y empapado peso sobre mí mucho después del dulce y frío abrazo del mas allá.

Tras eso, corrí. Corrí y maldije cualquier negro destino que me había traído aquí y había aniquilado mi memoria, mi vida, y me había dejado solo la vía, la eterna vía. Habría llorado, acurrucado y lanzado a uno de los pozos sin fondo que se habían abierto en la vía, pero estaba decidido a continuar, mis piernas siguiendo en un ritmo patoso que me propulsaban sobre los ladrillos despedazados, saltando por encima de los pozos mientras secretamente deseaba caer en sus profundidades y acabar con la vía, las caras, y conmigo mismo.

Mientras corría y saltaba, alcancé uno de los gruesos y retorcidos tubos que adornaban el paisaje claustrofóbico. Me lo planteé por un momento, mi curiosidad luchando para sobrepasar mi casi maníaco deseo de ser libre de ese lugar, pero tras oír un extraño gorgoteo revoltoso, acompañado de un profundo y grave pulso de los intestinos del negro tubo, opté por ignorarlo y colarme por el lado. Tan pronto como lo había pasado sentí una repentina corriente de aire tras de mí, seguida por un agudo, pero exrañamente ahogado chasquido, como si dos barras de hierro envueltas en algodón se hubieran lazando una contra la otra tras de mí. No me giré, simplemente usando esto para motivar mi tembloroso caminar, ignorando los constantes chasquidos y crujidos mientras se desvanecían tras de mí.

A lo lejos, vi una larga y lustrosa escalera, apuntando hacia arriba, y tras ella lo que parecía ser una baja morada hecha del mismo ladrillo ruinoso que la vía. Mientras que temía lo que podía descansar dentro, la idea de alguien más, otra persona con la que compartir este horrible lugar me llenó con la primera esperanza que había sentido en horas. Corrí, mis ojos fijados en esas escaleras, y me abalancé hasta el escalón final. Estaba a medio camino del abismo cuando vi la cosa que me esperaba al otro lado.

Era la retorcida parodia de algún tipo de reptil. Su alargado rostro estaba marcado con una tenue especie de amenaza, y su boca se abría con anticipación de mi llegad al otro lado, los picudos bordes destellando mientras hacía un atragantado chillido. Su cuerpo se balanceaba sobre dos cortas y amorfas piernas, una concha de dura y resquebrajada carne sujetando el torso bulboso. Dos raquíticas extremidades se proyectaban a través de la descamada concha, cubierta de crecimientos fibrosos, y lentamente cambiaban en una enfermiza burla de dos alas.

Chillé y me retorcí, intentando en vano volver al borde contrario, pero era demasiado tarde, y mis esfuerzos fueron suficientes para hacer corto mi salto, chocándome contra la dura pared del pozo, el ser encima mío chillando de frustración mientras caía. Abajo y mas abajo, girando hacia la negrura sin fin. Sentí la oscuridad aglomerarse a mi alrededor. Aún así, segundos antes que el vacío me abasteciera de su consuelo final, de repente recordé.
Caminos sin fin. Lagos de fuego. Ruinosas tumbas llenas de los putrefactos, retorcidos huesos de bestias, nublosas formas de hábil luz siguiente en la oscuridad, redes flotantes de bosques ancestrales naufragando en el caliente sol. Todo volvió a mí como una inundación, el recuerdo de donde había estado, que había hecho, y el sber que continuaría.

No sé por cuanto tiempo he hecho esto, ni que he hecho para merecérmelo.
Solo que debo seguir la ruta.
Para siempre.


Original.
Autor desconocido. Tracucción por Lizar.
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Comentarios
Jueves, 26 de noviembre de 2009 | 12:05
Es buena, no pude evitar pensar en Mario en cuanto hablaron de los ojos burlones... juro que es lo que m?s me impact? cuando jugu? por primera vez, que todo ten?a ojos Lala... Qu????
 


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