Lunes, 10 de agosto de 2009
Por Byjana @ 0:44  | Relatos
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-Ahora si que nuestros caminos se separan. –Dijo Lanegra, con una sonrisa triste en los labios.

-¿Por qué lo hizizte…? –Preguntó abatida Artemisa, aunque no pretendía que le respondiera, sabía porqué lo había hecho. Drackk, silencioso tras su compañera, respetaba el sentimiento de pérdida de las dos mujeres. De hecho y por herencia, eran hermanas de tribu.

-Te queda mucho por vivir, eres muy joven. –Le contestó ella.– Y tenéis un encargo muy importante.

-¿Te podré llamar?

-¿Aquí? –Preguntó sorprendida la mulata.- No creo, no hay cobertura, ni internet. Los Colmillos no permiten que esas creaciones de la Tejedora entren en su túmulo.

-Oh, vaya…

-Pero, espera… creo que tengo una idea para que podamos mantener el contacto. –Artemisa la miró, interesada.- Creo recordar que Paga tiene un espejo de concha. Pero… no sé si es recomendable que vayas a verlo.

-¿Ezpejo de concha?

-Bueno, sí, son dos espejos enfrentados que tienen una carga mágica, es lo que llamamos un fetiche. Sirve para comunicarte con la persona que tiene el otro espejo. Mientras la celosía no sea demasiado impenetrable, el espejo de concha no conoce distancias ni coberturas.

-Háblame de Paga. ¿Ez él el que tiene el ezpejo?

-Paga es un metis. Nació con una deformidad, y es que no puede cambiar de forma. Siempre está en su cuerpo de crinos. Vive cerca de este túmulo, en una choza de madera. Está loco… o al menos todos lo dicen. Es un tipo peligroso.

-Entonce… iremo con musho cuidao con ese chorvo ¿no?. –Dijo Drackk, decidido.- Cuando vayamo a hablá con él pa que noj del espejo, digo yo.


-Disculpa, -Dijo una voz siseante detrás de él. A Rastalf se le erizó el vello de la nuca.- ¿Por qué a Demothy lo llaman Mono Borracho Con un Tigre o algo así?

-Monoquebailaenelojodeltigreborracho. Es mi nombre garou.-Contestó el aludido.

-Sí, yo también tengo. –Dijo sonriente Rastalf.- Humo Alegre.

-Muy apropiado. –Bufó la pija.

-¿Has conseguido terminar tus asuntos? –Inquirió Demothy.

-No es cosa tuya, pero sí, tengo ya los papeles arreglados.

-Supongo que deberemos ir a buscar a Phillip. –Dijo el indio.-Creo que deberíamos empezar por volver al piso franco de Barcelona y mirar si hay algún registro en el sistema de seguridad que montó Artemisa.

-Sí, tío, pero… -Dijo Rastalf.- Primero descansaremos un rato, ¿Eh? ¿Tenemos tiempo de dormir unas horas?

-Sí. -Dijo Demothy.- Creo que sí. Sería bueno.

Rastalf miró a Natasha. Ella enarcó una ceja en señal de estar por encima del mundano descanso. Metió una mano en su bolsito de Channel. Sacó un pequeño sobre alargado y marrón. Rasgó una de sus puntas y tomó su contenido.

-Tía, ¿Estás bien? –Dijo el hippie preocupado.- No sabía que tomaras medicamentos.

Natasha, saboreando todavía el polvo oscuro que había tomado, le dejó ver el nombre del supuesto medicamento. Rastalf leyó, en letras doradas y sinuosas, el nombre de una conocida marca de café soluble.

-¡Ah! –Dijo admirado.- ¡Buena idea! ¿Me… das uno?

La pija metió de nuevo la mano en su bolsito, sacó otro sobre marrón, y se lo entregó. Rastalf lo saboreó. Era más amargo que su contrapartida líquida pero en ese momento le supo a gloria. Demothy empezó a andar hacia las cabañas de madera, dispuesto a obtener su merecido descanso. La pija lo siguió. El hippie, todavía mascando las bolitas de café soluble, y con una sensación naciente de sed, también se puso en marcha.

-Rasti, -Dijo la mujer, con lo que parecía el tono más dulce de voz que podía llegar a tener.- ¿A mi me habéis puesto un “nombre garou”, también?

-Eh… -Dijo, nervioso el aludido.- sí.

-Sí, claro, –Dijo Demothy sin girarse.- Zorra Implacable.

-¿Disculpa? –Se alarmó la mujer. Gabriel rió sordamente, con su garganta de lobo.- ¡Recordadme que no vuelva a dejaros tomar decisiones que me incumban cuando yo no esté!

-Pues mi nombre es Garganta Profunda. –Dijo el metis intentando parecer solidario. Natasha puso los ojos en blanco.

-O es que acuso mucho el jet lag, o estáis todos mal de la cabeza.-Bufó la mujer, y se cogió al brazo del albino para acompañarlo a las habitaciones.

Rastalf miró por el rabillo del ojo al hombretón de la chapela. Pachiego estaba con la vista perdida a su espalda.

-¡Eh, tío! ¿No vienes? –Le dijo.

-¡Ahíva la ostia, joder! No sé… dejar a esos dos solos… -Murmuró.- Quizá vaya a tomar un vinico y los espero, así podré echarles un ojo.

¿Esos dos? ¡Ah, los ahroun! ¿Vigilarles? El tío era sumamente curioso. Rastalf no creía que a esos dos debiera uno que vigilarles, él había visto los mamporros que arreaban y estaba convencido que podían cuidarse solitos. Así que, después de encogerse de hombros, siguió a los demás para echarse un rato. Palpó satisfecho su bolsillo. Gracias a sus hermanos de manada, dormiría del tirón.


Tags: Manada_Luna_Fría

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