Lunes, 03 de agosto de 2009
Por Byjana @ 0:43  | Relatos
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Gabriel se incorporó. Poco a poco la herida del hombro dejaba de sangrar. Pocas zonas de su pelaje conservaban su albino color, sustituido por el rojo encendido de la sangre que empezaba ya a oscurecerse. Demothy ya había pasado de nuevo al cuerpo de hombre y se había encendido un cigarrillo. Su ropa también estaba manchada, la herida del costado todavía seguía abierta.

-¡Eh!, ¿Que ha pazado aquí? –Dijo Artemisa, llegando. Iba acompañada de Lanegra. La pregunta fue formulada en voz alta, pero Drakk se apremió a contestar.

-Ná, que Demo Monoquebaila ha desidio quedarse é…

-Sí, -Dijo Gabriel con su sonrisa lobuna y rascándose una oreja.- ¡y no se te ocurra discutírselo…!

-Demothy… -Dijo con voz apenada Lanegra.- Lo siento.

-Gracias a ti seguimos vivos, -Le contestó el indio.- y a veces un alfa debe tomar unas decisiones que son más difíciles que otras. Pero no pasa nada… He visto que la biblioteca que tienen en este túmulo es muy grande, y sé que pronto encontraran a Phillip y la traerán aquí.

Gabriel empezó a husmear el aire.

-Huele a Natasha… -Dijo.

-¡Eh! ¡La pija ha terminao de comprá!

-¿Qué? –Preguntó Demothy con un deje de mosqueo en la voz.

-¿Qué no te lo pensabas, tío? ¿Porque crees que ha llegao má tarde? –Dijo Drackk con una sonrisa pícara.

A lo lejos escucharon varios toques de campana. Les estaban convocando de nuevo. Ahora debían exponer lo que habían acordado. Drackk miró en dirección donde se había ido Rastalf. Vio que salía de entre los árboles, con una sonrisa más amplia de lo normal y arrastrando los pies. El de la cresta lo apremió, voz en grito:

-¡Tú, hippie! ¡Vamo, que por aquí hay dó que te nesesitan, joer!


Lanegra les acompañaba. Cómo era la resolución, no sólo los miembros del consejo podían asistir. Varios parentelas que había visto por el túmulo también estaban allí. La sala estaba abarrotada. Presidiéndolo todo estaba el Margrave Konietzo, en su trono de madera. Aunque en su ropa todavía quedaban restos de sangre, al menos las heridas de Gabriel y Demothy estaban curadas. Drackk creía que Rastalf era un buen tío, y una valiosa ayuda. Aunque de ellos era el único que podía curar de esa manera, no se regodeaba en ello. Ahora estaba sentado, mirando ausente al Margrave y a los que estaban terminando de entrar y acomodarse. La impresionante Natasha estaba sentada a su lado. Llevaba una falda tan corta que hubiese podido colar por un cinturón. Sus tacones eran de vértigo. Su camisa dejaba poco a la imaginación, y se había subido el cuello de su chaqueta de cuero. Realmente el cuerpo de esa mujer… mejor dicho, el cuerpo de glabro de esa mujer, podía hacer volver loco a un hombre. Detrás de ellos, Gabriel hablaba con Artemisa. Desde su posición no podía escuchar que se decían. Artemisa se había portado siempre muy bien con el ciego. Es lo que hay, uno parece que necesite mimos y ¡ya está! Una mujer aparece de debajo de alguna piedra y está por ti. Vaya suerte tenía el ciego. ¿Que era eso que sentía en la boca del estómago? Eran… ¿Celos? Artemisa se reía, estaba bien con Gabriel… ¿Qué esperaba, si cuando Artemisa había llamado a Natasha, ni tan siquiera había preguntado por él?

-¡Eh! –Le dijo Pachiego en un susurro malhumorado.- ¡Deja ya de mirar a Artemisa! ¡Que no se puede tontear con otro garou! ¡Ahíva la ostia, joder! Como yo me entere…

-¡Cállate, coñazo! –Le contestó, enrojeciendo.- ¡Métete en tus jodíos asuntos!

Mascullando improperios, el vasco volvió a tomar interés en los que iban entrando. Era curioso ese tío. Miró a Demothy. Podía contar ya los minutos que le quedaban a su lado con los dedos de la mano. Lo echaría de menos. No era exactamente el perfil del líder perfecto, pero él estaba allí, hacía lo que podía y asumía la responsabilidad del cargo. Drackk no quería esa responsabilidad, y creía que más de uno se alegraría si el cargo de alfa no recaía nunca en él. El de la cresta era justo lo contrario que Demo. Era todo músculo, su vida era el presente, su poder eran los puños. El indio era pura energía, pura inteligencia y su vida miraba siempre al futuro. Siempre parecía que no tenía ni un minuto que perder. Lo estaría pasando chungo.

Los sonidos comenzaron a aletargarse cuando el Margrave se puso en pié.

-Bienvenidos a este consejo. Seré breve pero antes de pasar al tema que nos ocupa, varios dignatarios de varias tribus me han solicitado algo poco usual. –Tronó la voz del alfa de los Colmillos.- Aunque sus argumentos y posiciones me parecían en un inicio bastante insuficientes, he reflexionado y he comprendido que sin duda debe ser como proponen nuestros camaradas. Y es que esta noche será a la vez noche de pérdida y reencuentro, noche de castigo y premio, noche de nuevos comienzos... para muchos. Debemos recorrer en sentido inverso la trama de los sucesos. Nadie puede ocultar el hecho que seis cachorros de la Luna Fría han despertado este año. Y el joven Gabriel está con ellos. La Diosa Gaya demuestra su fe en sus guerreros. Pero los hubiésemos perdido. Hubiesen despertado y no los habríamos encontrado. El mal les habría pervertido y ahora serían Danzantes de la Espiral Negra. Los crueles, asesinos y vengativos garou del Wyrm. Nadie reparó en ellos. Nadie... excepto Lanegra. Una antigua huésped de esta casa. –Por el rabillo del ojo vio a la mujer que abría los ojos como platos y enrojecía bajo sus morenas mejillas.- Lo que me han solicitado las Tribus es que sea revocada la pena de esta garou y pueda volver a ser libre, sin pesar sobre su nombre el sendero del ronin. Así que, Lanegra Baila la Luna, es decisión de este consejo que desde hoy vuelvas a ser miembro de pleno derecho de la comunidad garou. Y si lo deseas, mi manada está abierta a ti.

Los concurrentes empezaron con vítores y aplausos. Lanegra sonreía. Se levantó y abrazó a Rastalf y Gabriel, que eran los que más cerca estaban de ella. Se volvió a sentar. Pero su gozo era tal que no podía contenerlo. Se volvió a levantar… y volvió a abrazar a Rastalf y Gabriel. Cuando volvió a sentarse, aunque su sonrisa no se había desvanecido, le bastó una mirada al grave rostro de Demothy para recordar el motivo de su asistencia a ese consejo.

Se mordió un labio, pensativa.

-Después de esta buena noticia, no debemos demorar la resolución de la sentencia que debemos aplicar a los jóvenes cachorros. Han admitido haber colaborado con un supuesto ser del Wyrm y sometidos a engaño por éste. Admiten también ser parte decisiva en la muerte del vampiro traidor Sushi. El consejo no opina que sean cargos suficientes para solicitar el precio de la sangre de los cachorros. Pero no podemos contrastar la información, porque ni la propia Lanegra vio con sus ojos al ser del Wyrm, al que llaman Phillip. Para probar su existencia y por tanto la veracidad de lo expuesto aquí, la sentencia les obliga a buscar y encontrar a ese ser y traerlo aquí para que reciba justo juicio y severa condena. La única prenda que solicitamos de los cachorros de la Luna Fría es que prueben su buena voluntad, y uno de ellos se quede entre nosotros, como invitado especial, hasta que los otros traigan a esa tal Phillip ante este consejo. La elección de nuestro huésped recayó en ellos. Así, doy la palabra al alfa de la Luna Fría para que exponga quien es el elegido.

Drackk miró a Demothy, que se levantó, lentamente, miró al alfa Colmillo y recorrió con los ojos toda la sala. Sus labios se separaron para pronunciar su propio nombre...

-¡Espera! –Dijo de improviso Lanegra.- Con tu permiso, Margrave. Tengo algo que decir.

-Ejem... –Carraspeó éste.- Esto es totalmente improcedente, Lanegra, no se te ha concedido la palabra. Es Demothy de la Luna Fría quien debe hablar.

-Lo sé, pero es muy importante lo que debo decir. –Imploró.

-De acuerdo, pero se breve. –Cedió Konietzo.

Lanegra se levantó de su asiento y se acercó a Demothy. Lo miró a los ojos breves instantes... y se arrodilló frente a él, dejando a la vista su garganta. Los murmullos crecieron entre los asistentes. La mujer se estaba sometiendo al indio. Le estaba pidiendo que la aceptara entre su gente. Era una manera de decirle: “Si soy digna de tu manada, admíteme. Si no mátame aquí mismo.” Demothy miró a los compañeros, pero no sabía que hacer. Estaba turbado y no se esperaba esa reacción. Drackk lo vio poner una mano sobre el hombro de la mujer. Ella se levantó.

-Delante de todo el consejo, Demothy Monoquebailaenelojodeltigreborracho, de la Luna Fría, me ha aceptado en su manada, ahora que ha sido retirada mi condena. Y con el permiso de mi alfa, -Drackk vio como Lanegra paladeaba esas palabras.- propongo ser yo la que se quede en el túmulo de los hermanos Colmillos Plateados.

-¡Lanegra! –Dijo Demothy tras ella.- ¡Acaban de revocarte una condena! ¿Quieres asumir otra que ni tan siquiera te corresponde?

-Es lo mejor,… aquí está mi hijo. Estaré bien. ¡Sólo debéis encontrar a ese bicho malo de Phillip y arrastrarlo hasta aquí por el pelo! –Rió la mulata.

-Bueno, si esa es tu decisión... –Insistió Demothy.

-Lo es. –Zanjó ella, dulcemente.

-Pues así está decidido ya. –La voz de Konietzo retumbó por toda la sala. – Lanegra, como miembro de la manada de la Luna Fría, se quedará dentro de la protección del túmulo, al servicio de este clan, hasta que los otros miembros cumplan su requerimiento. Así sea.


Tags: Manada_Luna_Fría

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