Lunes, 27 de julio de 2009
Por Byjana @ 0:37  | Relatos
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Drackk pasaba de politiqueos, pero era consciente que eso cambiaba mucho la situación que había conocido junto a los demás miembros de la manada. Vivía los cambios como parte inherente de estar vivo. Pero el que iba a producirse no le apetecía en absoluto. Uno debía quedarse atrás. Quizá las cosas podían hacerse sencillas para los compañeros sí…

-Demo, tío, –Le dijo al meditabundo indio, cuando estaban ya suficientemente alejados de la cabaña donde se había celebrado el consejo.- que me caéis de puta madre y eso, ¿fale? Pero si me tengo que quedá yo, no mimporta. Que tío, tú sabe que te lo digo nserio ¿eh?

-Oye, que me quedo yo, zi queréiz. -Dijo Artemisa poco convencida.

-Buá, -Dijo Rastalf.- si me traéis una buena bolsa de maría, que quedo.

-¿Por qué no le decimos a la pija que se quede ella? ¡Ahíva la ostia, joder! Como no está… -Propuso Pachiego.

-Demothy, -Dijo Gabriel.- creo que como alfa debes decidir tú quien se queda, pero yo propongo que me elijas a mí. Soy ciego y metis. Soy el que menos puedo aportar al grupo. Sólo se me da bien contar historias…

El de la trenza no respondió. Siguió inmerso en su mundo interior. Los compañeros, algo incómodos, se removieron a su alrededor. El silencio tenso se puso cada vez más pesado entre ellos.

-Oye, -Propuso Artemisa.- iré a buzcar a Lanegra, para que noz aconzeje y para decirle que de momento hemos zalvado nueztroz culoz, ¿vale?

No esperó respuesta. Su cabello castaño reflejó la luz de las antorchas, que era la única iluminación del túmulo a esas horas. Los copos de nieve empezaron a caer. Drackk la vio alejarse. Le gustaba esa chica. Ni demasiado delicada ni demasiado basta, pero a la vez fuerte y tierna. Tenía algo con lo que encajaba realmente bien. Seria porque también era una ahroun. Seguro, se dijo. Pachiego también se alejó para ir a tomar algo, y Rastalf dijo que iba a buscar a los Hijos de Gaya, que se le habían terminado las provisiones y seguro que ellos tendrían para dejarle. Los tres garou se quedaron solos en medio del túmulo. Natasha, después de hablar con Artemisa por el móvil, le contó la juerga que se montaron sus compañeros para decidir el liderato de la manada. Demothy era el alfa, Gabriel el beta. Los dos estaban en silencio, uno al lado del otro. Y él les miraba. Eso de pensar no era lo suyo, y comerse la olla por algo que sabía que no estaba en sus manos, menos. Movió un pié para irse tras de Artemisa.

-Sé lo que piensas, Demothy. –Dijo Gabriel.- Y sabes que no voy a dejarte que lo hagas.

-Lo siento, pero como tú has dicho, yo escojo quien se queda. –Le contestó el indio. Sus voces tenían un tono grave que hizo que se le pusieran los pelos de punta. Era la típica conversación en la que todos sabían de lo que hablaban menos él.

-Si tú te quedas, -Le dijo Gabriel. Entonces Drackk empezó a entenderlo.- la manada se quedará sin líder.

-No es así, y tú lo sabes. El beta pasa a ser alfa y todo solucionado. –Le contestó el otro.

-¡El beta es un metis inválido! –Le dijo el albino.- ¿Eso quieres para la manada? ¿Qué sea un ciego el que los dirija? Perdona que te discuta, pero soy yo el que debe quedarse.

-¿Inválido? –Se mofó el indio.- ¿Y cómo te ganaste el título de beta? ¿En una tómbola? Has demostrado tu valía en más de una ocasión. Dejo tranquilo mi cargo porque sé que eres fuerte y sabio, y vas a cumplir perfectamente con tu cometido. Pero mientras tanto el alfa soy yo, y yo decido. Me quedaré. Es mi última palabra.

Gabriel no respondió. Entonces sería Demothy el que se quedaría en el túmulo noruego. Le daba un poco de pena, le caía bien el indio, con sus purificaciones con cubatas y esas chorradas. Era un tipo listo y muy legal. De hecho todos sus compañeros le caían bien. No le apetecía separarse de ninguno de ellos. Vio el destello por el rabillo del ojo. Pero cómo su mente estaba ocupada con otros asuntos, reaccionó tarde. Demothy retrocedió unos pasos tambaleante, y con una mano en la mejilla. Tenía los labios manchados de sangre.


Artemisa siguió las indicaciones que le había dado un chico. Lanegra había ido en esa dirección, y no hacía mucho. Aunque sus ojos de garou eran más sensibles que antes del cambio, era noche cerrada y casi no veía el sendero bajo sus pies. Más al frente un resplandor dorado titilante confirmó la presencia de un fuego, o una antorcha. Unas voces susurrantes y dulces impregnaron el aire. Una voz masculina, melosa, y una voz ya familiar de mujer que le respondía. ¿Debería seguir avanzando? Lanegra estaba con un hombre. No le apetecía en absoluto meterse en medio. Pero tenían menos de una hora para decidir al rehén de Konietzo, y la mulata siempre les había aconsejado bien. Bueno, avanzaría lentamente, haciendo ruido, quizá así…


-¿Pero… -Logró articular Demothy, presa del estupor.

-Pues si es el alfa quien elije, acepta mi desafío. –Dijo Gabriel. El indio, todavía sin creerse que el calmado y afable ciego le hubiese dado un puñetazo de tal magnitud, intentó esbozar un intento de posición defensiva. Drackk tampoco se lo creía. En la expresión del beta no se leía odio o ira, sólo el convencimiento de una idea firme. Se lanzó de nuevo contra Demothy con un ataque dirigido al plexo solar. El indio lo bloqueó y salió de su trayectoria, decidido a despistarle y reacio a levantar su mano contra él. De inmediato Gabriel se giró, describiendo un amplio arco con el dorso de su puño. El impacto contra el hombro del indio no fue muy fuerte, pero le obligó a defenderse con el brazo. Drackk vio de inmediato un hueco en la defensa del alfa a la altura de las costillas flotantes, lo que no pudo adivinar es cómo lo supo el ciego. Rápidamente, con un soberano latigazo, Gabriel le endosó un patadón que dejó al indio sin resuello.

-Acepta mi desafío, Demothy Monoquebailaenelojodeltigreborracho, o cédeme ahora y aquí el liderato de la Luna Fría. –Le dijo, firme y decidido, Gabriel.


Podía ver los perfiles de la pareja. Ella tomaba el rostro de él en sus manos. Eran totalmente ajenos a lo que pasaba a su alrededor.

-Eh… ¿Lanegra? –Intentó Artemisa.- ¿Eztáz ahí?

Los tortolitos salieron de su ensimismamiento, se levantaron e intentaron recuperar la compostura. La mulata se dirigió donde estaba la joven.

-¡Artemisa! –Le dijo, ansiosa.- ¿Qué ha pasado? ¡Cuéntamelo todo!

-Puez… que parece que por ahora no van a pedir nueztra zangre… -Le dijo. Intentó otear al compañero de la mujer. Salió también al camino y la tenue luz de la antorcha hizo visible su rostro. Le sorprendió ver al joven metis que había venido junto a las Furias Negras, el que Demothy dijo que llevaba una banda en la frente para ocultar sus cuernos. Lo miró con una punzada de celos. ¿Quién era ese tipo para reclamar así la atención de su… maestra?

-¡Ah! Disculpa, no os he presentado. –Dijo Lanegra. A Artemisa le pasó por la mente la frase: “Pues ni falta que hace”, pero se mordió la lengua.- Él es Diego Escruta el Alma… mi hijo.


-Yo no quiero ser el alfa, -Le contestó el indio todavía jadeante.- nunca lo he querido, y te cederé el liderato… una vez haya confirmado con el Margrave… ¡que voy a ser yo el que me quede en este túmulo hasta que regreséis con Phillip!

-¡Pues acepta el desafío y defiéndete! –Dijo Gabriel, pero no atacó. Su semblante era tranquilo, austero. El de la trenza seguía doblado hacia delante, apoyándose en las rodillas. Drackk casi podía escuchar los crujidos sordos y dolorosos de las costillas, al soldarse de nuevo. Se fijó en que varios garou se habían acercado a mirar a los luchadores. Los miraban solidarios y en silencio, formando un amplio coro. Poco a poco más gente se unía a ellos.

Gabriel salió disparado hacia Demothy. Éste bloqueó su puñetazo y le lanzó un gancho a la mandíbula que le hizo retroceder. Sangraba copiosamente por la nariz. El indio aprovechó los segundos de confusión que suceden a un impacto para hacerle un barrido que lo lanzó contra el suelo. Con una agilidad gatuna, Gabriel dio una voltereta hacia atrás alejándose del indio, y se puso en pié. Ni ira, ni odio. Sólo había en sus rostros camaradería y tozudez. El cuerpo del indio pulsó una vez. Drackk no supo si el metis no lo había captado o es que sencillamente no quiso creerlo. Demothy se lanzó a la carrera hacia el ciego con sus puños preparados. Cuando estuvo a menos de un brazo de distancia, el cuerpo del de la trenza tomó su apariencia de guerrero. En una fracción de segundo, el rostro del metis reflejó alerta y sorpresa. Clavó el pié en el suelo y saltó hacia un lado para esquivar la zarpa del crinos.

-¡Mierda! –Mascullo el ciego mientras se agarraba el hombro. Profundos surcos sanguinolentos se habían abierto en su carne. Drackk era consciente que esos arañazos no cicatrizarían tan fácilmente. Demothy se alejó unos pasos. Gabriel resbaló también al cuerpo de crinos, vibrante y poderoso. Ahora todo iría en serio. Los dos combatientes se estudiaban. Uno con los ojos, el otro con los otros cuatro sentidos. Los asistentes al espectáculo, silenciosos, podían contarse ya por decenas.


-…el Margrave Konietzo le dejó a las Furias de Grecia unos poderosos guerreros para que las ayudaran con un enemigo que acosaba el túmulo. Al parecer, consiguieron derrotarlo, pero en la batalla murieron muchas hermanas, y dos de los hombres del Margrave. Es voluntad de nuestra alfa ofrecerle a dos guerreros de nuestra tribu para que sirvan a Konietzo. Ahora mi hijo pertenece a la manada de los Colmillos Plateados.

-Pero… -Dijo Artemisa.- él… ¿Ez metiz? No ze parece a Gabriel.

-Lo que le falta a tu compañero lo tiene en sobra Diego. –Le contestó Lanegra. Vio cómo el joven bajaba la mirada y enrojecía, avergonzado. –Gaya le dotó de un tercer ojo en la frente que siempre mira los paisajes de la Umbra. Por eso lo lleva tapado, porque vería demasiado, de la gente… y otras cosas que no son gratas de ver.

-Escruta el Alma… -Murmuró Artemisa.- Ahora lo entiendo….

-Vamos a ver a tu alfa. –Dijo la mulata.- Necesitará el apoyo de toda su gente en estos momentos.


Gabriel atacó. Sus garras pasaron a pocos milímetros del pecho del indio, que las esquivó con una espléndida finta. Lanzó a su vez una poderosa patada contra el crinos albino que lo dobló. Aprovechó para lanzarle una dentellada al hombro. De un empujón, Gabriel se sacó de encima al indio, que desgarró tendones y músculo. Drackk vio que el brazo izquierdo de Gabriel se mecía inerte. Eso no detuvo al metis que volvió a lanzar otro ataque. Demothy no se defendió. La garra de su oponente se clavó en su costado, y la apresó entre su cuerpo y su brazo. Gabriel lo miró, impotente, mientras Demothy le apuñalaba con sus garras en el estómago. Aulló de dolor mientras se zafaba de la presa del indio empujándolo con una patada. El indio trastabilló y se preparó para el próximo ataque. El metis cayó de rodillas al suelo, con su mano sana intentando contener la hemorragia de su vientre. Vomitó sangre.

-Supongo que no vale la pena continuar. -Dijo Demothy. Gabriel negó con la cabeza, abatido.- Has luchado bien. Protege a la manada con el mismo ahínco cuando tú la lideres, cuando vosotros os vayáis… y yo me quede aquí.


Tags: Manada_Luna_Fría

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