Lunes, 20 de julio de 2009
Por Byjana @ 0:35  | Relatos
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El silencio se hizo, sólo alterado por los murmullos de los presentes. Ahora vendrían los largos minutos de reflexión… y la sentencia.

-¿Alguien de los aquí presentes quiere decir o añadir algo? –Preguntó el Margrave. Miró intencionadamente a los compañeros.

-Creo que nosostros coincidimos en lo que se ha dicho aquí. –Aportó el indio. Konietzo afirmó con la frente, pero siguió mirando a los presentes. Uno de los allí reunidos no les había quitado ojo, aunque no había participado activamente. El joven lobo japonés, en su cuerpo de hombre. No recordaba su nombre. Estaba sentado junto al otro miembro de su tribu, el hombre vestido con el traje tradicional nipón. Su mirada era extraña. Quizá un humano normal la hubiese catalogado de desafiante, pero no Demothy, que había visto suficientes faces lobunas para ver en ella apoyo y camaradería. Ojalá todos los miembros del consejo opinaran igual.

-Yo sólo quiero aportar una última cosa, con tu permiso, Margrave Konietzo. –Dijo una voz. El de la trenza reconoció enseguida el joven Hijo de Gaya del pañuelo palestino.- Acordémonos a la hora de tomar la decisión que nos incumbe, que se dice que todos los garous que han de luchar en la batalla final contra el Wyrm ya han nacido. Contra toda esperanza, La Madre Gaya nos ha enviado estos siete cachorros como prueba de su fe y de su apoyo a sus guerreros. Yo he visto luchar a la mujer en un entrenamiento con uno de tus campeones, y he escuchado al metis narrar su historia con la voz más impresionante que jamás he escuchado. Estos cachorros son joyas, pequeños milagros que vienen a nosotros en estos tiempos cercanos al Apocalipsis. Solicitar un precio de sangre no sólo nos privaría de su ayuda en la batalla final, sino que podría parecer una ofensa ante Gaya. Debemos pensarlo con detenimiento y pido la máxima magnanimidad de la que este consejo sea capaz de hacer gala. Esta es la opinión de los Hijos de Gaya.

Los rumores aumentaron. Algunos aplausos tímidos se dejaron oír. Algunas frentes afirmaron en señal de acuerdo.

-Siete cachorros no supondrán ninguna diferencia ante la batalla del fin de los días, Stuard Amante de la Calma. –Dijo el hombre con voz arrogante que ya había hablado con anterioridad.- Los Señores de la Sombra solicitamos el precio de la sangre. En muchos años no se había visto un ataque tan directo a los garou cómo el de estos jóvenes. Han confraternizado con un engendro del Wyrm, sólo esto ya basta para considerarlos traidores a nuestra causa. Pero además han hecho llegar a manos del enemigo una información valiosísima sobre un infiltrado en las filas de los chupasangres, que ha costado la muerte del dicho infiltrado. No contentos con eso vienen a lamerle los pies al alfa de los Colmillos lloriqueando clemencia mientras el ser del Wyrm, si es que realmente existe, sigue campando a sus anchas.

Se escuchó algún vocerío envalentonado, que contagió a otros. Puños levantados y pulgares invertidos se hicieron ver por toda la sala. A Demothy se le erizó el vello.

-Tenemos noticia de unas hermanas que tuvieron contacto con estos cachorros. –Una mujer, menuda y con el cabello revuelto, intentaba hacerse oír por entre el griterío. Las voces empezaron a sosegarse. El indio reconoció a la mujer cómo Kenoloke Greña Salvaje. Pensó que era un nombre muy acertado.- Gabriel, el metis, ha nombrado a las compañeras Furias del túmulo de Vallgorgina, en España. Tuvieron un encuentro con ellas y fue tal cómo el joven ha dicho. Al sentirles venir notaron la mancha del Wyrm, pero aunque les atacaron, ellos sólo se defendieron. Ellas nos explicaron que después de reconocerles cómo seguidores de Gaya, los cachorros se quedaron con ellas defendiendo el túmulo y les ayudaron a realizar los rituales de consagración y purificación. Por lo que tengo entendido su misión era eliminar a las hermanas, pero vieron su error y lo subsanaron con creces. Creo que ahora se encuentran en una situación similar. Se han visto engañados y solicitan una oportunidad para redimirse. Y deberíamos concedérsela. Al menos esta es la opinión de las Furias Negras.

Los numerosos miembros del consejo se sucedieron. Algunos clamando su condena, otros defendiéndoles. Algunos prefirieron no opinar. El Margrave escuchaba con atención a todos los convocados. Parecía meditar cada palabra, cada argumento. Parecía una elección difícil. Casi todas las tribus habían expuesto su postura. Wendigo, Camada de Fenris, Contemplaestrellas, Caminantes silenciosos…

-En ocasiones el mal despierta en los puros y la pureza se esconde en el corazón de los que más malvados parecen. –La mujer del poncho, la Uktena, hablaba a los presentes cómo si estuviese en trance.- El infierno está plagado de buenas intenciones y las tumbas vacías son perfectamente visibles desde otros planos de consciencia. Una vez se ha llegado al final ya no hay retorno. Pero los segundos pasan. No hay sonido sin oído cómo no hay maldad sin perversión. Y si un acto hermoso se convierte en tragedia ¿Quién es el culpable? ¿Debemos prohibir el amor que es el más bello sentimiento, y a la vez el que más dolor provoca? ¿Debe el garou juzgar al garou para que el Wyrm se regodee en las entrañas de su pútrido cubil? Los Uktena opinamos que no, que estos cachorros deben ver el próximo amanecer. Y el próximo, y el próximo… hasta el fin de sus días en las filas de los ejércitos de Gaya. He hablado.

-Permite que te discuta, mujer. –Uno de los hombres con pinta de yupies había tomado la palabra.- Bill Gates nos recuerda cada día que hasta lo que parece más perfecto contiene errores. No basta con juzgar sólo el error o la mala fe de unos pocos. Debemos usar su suerte, su ejemplo, para otros. Así es cómo se entiende la justicia entre los Moradores del Cristal. El mundo es un lugar competitivo, dentro y fuera de la oficina. Aunque los que normalmente podrían ganar en el juego de la escalada socio-económica son los que actúan al margen de la ley, cómo los piratas informáticos, contrabandistas, usureros y demás bichos de su calaña, debemos poner una censura en un punto determinado. Esa es la frontera entre lo permisible y lo que no lo es. Y estos cachorros han superado la barrera, la han escupido y se han reído de ella. Opinamos que es justo que se reclame el precio de la sangre.

Demothy observaba a sus compañeros. Drackk se lo miraba todo con expresión de pez fuera del agua, entendiendo a medias el evento del que era partícipe. Gabriel, con el rostro abatido, sacudía las orejas de tanto en cuanto y parecía que estaba atento a todo aquello que se decía. Rastalf había liado un par de porros, y los tenía puestos sobre sus orejas. Seguía liando otro porro, con calma y ceremonia extrema. Cuando lo terminó se dio cuenta que no tenía más orejas para sujetarlo.

-Esto es una mierda, tío.- Masculló el hippie cuando se dio cuenta que Demothy lo miraba. El indio no supo si se refería a las opiniones expuestas por el consejo, o al hecho de no tener una tercera oreja.

Artemisa retorcía el dobladillo de su camiseta. No podía estar quiera. No se veía preocupación en su rostro pero si ansiedad. Pachiego, con su chapela cobre la cabeza, miraba amenazadoramente a todos aquellos que se ponían el pié para mostrar su opinión del caso ante el Margrave. El indio estaba seguro que si los ojos del vasco tuviesen rayos láser, más de uno de los presentes hubiese caído fulminado al suelo. ¿Y él? Respiraba hondo para mantener el control. Debía ser fuerte. El azar lo había convertido en alfa de esa manada, pero eso del liderato estaba muy lejos de los intereses y los proyectos que tenía en mente. Pero ahora las cosas estaban así. Aunque en el fondo de su corazón había una luz de esperanza, su estomago era un nudo de nervios. Pero su rostro no lo delataría. Su expresión era de serena tranquilidad.

-Todo lo que debía decirse se ha dicho ya. –Tronó la voz de Konietzo.- Así que este es el momento en el que he de pronunciarme. Estos cachorros han venido a mi buscando justicia, y yo apelo a la Gran Diosa Gaya que me de sabiduría para proporcionársela. La decisión ya está tomada. –Los compañeros se miraron. Drackk tomó la mano de Artemisa y la apretó firmemente. Rastalf dejó de intentar poner el tercer porro en su oreja, Gabriel aguantó la respiración.- No reclamaremos hoy aquí el precio de la sangre a estos cachorros. Su misión está más allá de los límites de este túmulo, y allí es donde deben dirigirse, a localizar y cazar a esa tal Phillip. Esta es vuestra pena y misión. Traerme aquí a esa mujer manchada por la corrupción para que pueda ser juzgada y condenada cómo decida este consejo. Así que cuando estéis listos partiréis, todos vosotros… menos uno. Uno de vosotros se quedará entre los límites de este túmulo como nuestro invitado, hasta que los demás presentéis ante el consejo al ser del Wyrm que supuestamente os corrompió en vuestras primeras horas. –El suspiro de alivio de los compañeros se vio truncado en una mueca de incomprensión. Por breves momentos habían soñado con el perdón, pero algo se rompió dentro de sus corazones cuando comprendieron que uno de ellos debía quedarse atrás.

-¿Que uno de nosotros se quede cómo invitado? –Preguntó Rastalf.

-Como prisionero. –Corrigió Gabriel. El silencio invadió la sala.

-Soy consciente que debo daros unos minutos para que lo penséis y escojáis quien de vosotros permanecerá junto a mi gente. La búsqueda puede ser larga e infructuosa. Pensadlo y contestadme después. Tenéis una hora para decidirlo. Se levanta la vista hasta pasado este tiempo. Podéis abandonar la sala. –El tono de Konietzo no admitía réplica. Realmente era una sentencia más condescendiente de lo que se temían, pero todos eran reticentes a quedarse ahí. Todos eran reticentes a dejar que uno de sus compañeros se quedara ahí. Cuando casi todos los presentes habían salido, los compañeros se movieron como autómatas, sin mediar palabra, y salieron al aire frío de la noche.

Tags: Manada_Luna_Fría

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