Lunes, 06 de julio de 2009
Por Byjana @ 0:28  | Relatos
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-Artemisa, -Le dijo.- ¿Que te ha pasado?

-Puez... que me he tranzformado en crinoz...

-¡Es verdad! Quería hacer el ritual de dedicación y se me pasó. Supongo que tienes algo para cambiarte, ¿no?

-Zí, creo que algo encontraré. -Dijo la morena.

-Bueno pues, cómo supongo que tardarán un poco de tiempo entre que acaban de llegar los convocados, si os parece podemos dedicar vuestras ropas para que no vuelva a ocurrir eso.

-¿Se trata de un ritual? -Dijo Demothy, con mirada expectante.- ¿Cómo el de purificación?

-¡Mola! -Rió Rastalf.- ¡Otra conga!

-¡Que no la llames conga! -Se quejó el indio.

-No es tan espectacular. -Dijo Lanegra, aguantándose la risa- Es sólo recitar una sencilla salmodia. No hace falta… bailar.

-¿Yo podría aprender ese ritual? -Preguntó Demothy.

-¡Yo también! -Dijo Gabriel.

-Claro, -Contestó la mulata.- Yo no soy ningún theurge, pero si a mi me sale, a vosotros os va a salir también.

-¿Y que hace ese ritual, exactamente? -Indagó el de la trenza.

-Pues... convierte todo aquello que tengas ritualizado en una especie de mancha de color sobre tu piel. Se transforma en un especie de tatuaje cuando tu cuerpo pasa a forma guerrera.

-¡Mola! -Se admiró el hippie.


Se habían apartado del bullicio. Pachiego se había unido a ellos. Sus mejillas sonrosadas atestiguaban que había dado cuenta de algo más que una copa de vino. Roía distraído un caramelo de menta. Gabriel y Demothy estaban atentos a las palabras y gestos que realizaba la mulata. Artemisa se había cambiado de ropa. Lanegra no era muy amante de rituales, pero éste había demostrado su utilidad en más de una ocasión. Dijo la última estrofa del rito y la dedicación culminó, sin ningún cambio aparente ni en sus ropas ni en sus cuerpos. Al ver la decepción en el rostro de Rastalf, le explicó que el verdadero efecto lo verían cuando cambiasen al cuerpo de crinos. Miraron a Gabriel, pero con una expresión de no estar por la labor, mantuvo su cuerpo de humano. Lanegra se alegró, no le apetecía que uno de los cachorros estuviese presente en el juicio con el cuerpo del guerrero. Aunque fuera un metis.

-Oye, - Le dijo tímidamente Rastalf.- ¿Tú también tienes uno de esos nombres garou? Yo también quiero tener uno...

-Pues no es mala idea. -Dijo Lanegra.- Mi nombre garou es Baila la Luna. Tenemos un poco de tiempo todavía. Si queréis, como ya os conocéis entre todos, lo único que os falta para ser miembros de la comunidad garou de pleno derecho es un nombre que explique vuestras hazañas, vuestras habilidades, vuestra personalidad... Ese nombre se da entre los garou y es algo muy profundo. Creo que sería bueno que tuvieseis ya vuestro nombre antes de presentaros a los ancianos.

-Pues a que esperamos ¡Ahíva la ostia, joder! -Dijo Pachiego. Los demás la miraban curiosos.

-Por ejemplo, ¿que nombre le pondríais a vuestro alfa? -Preguntó la mulata. Demothy miró a sus compañeros.

-Eh... -Se atrevió Rastalf.- ¿Que tal “El Plumero”?

-¿Como dicez? -Preguntó Artemisa.

-Pos eso, “El Plumero”. Cómo es indio, y los indios llevan plumas...

-Soy navajo, -Le corrigió Demothy.- ¡Y no llevo plumas!

-Pues que os parece “El que Baila con Cubatas”, o “Conga Man”, o algo así, ¡Ahí va la ostia, joder! -Propuso Pachiego.

-¡Que no lo llaméis conga! -Le dijo Demothy.- Es el ritual de purificación.

-”Monoquebailaenelojodeltigreborracho”. -Dijo Drackk.

-¿Que? -Preguntó Gabriel.- ¿Cómo has dicho?

-”Monoquebailaenelojodeltigreborracho”. -Repitió.- Lo jcuché en una peli de shinos. ¿A que mola? Le queda bieng ¿No?

Los compañeros se miraron entre ellos, sonrientes y complacidos. Demothy, alarmado, repasaba todas esas miradas y se temió lo peor.

-Demothy Monoquebailaenelojodeltigreborracho. -Sentenció Lanegra, con una sonrisa en los labios.

-Oye, -La llamó Rastalf.- ¿Y yo?

-Para ti, el nombre tiene que ser algo así como “Rostro Feliz”. -Propuso el indio.

-¿”Humo Alegre”? -Dijo Artemisa.

-Si, me gusta. -Conmino Gabriel.

-Rastalf Humo Alegre. -Adjudicó la mulata.

-¡Mola! -Se admiró el hippie.

-Y para Artemisa... -Empezó Lanegra.

-Cascanueces. -Dijo una voz enmascarada. Los compañeros, incluido Gabriel, se miraron entre ellos, intentando localizar al propietario de aquella aportación.

-Hay que reconocer... -Dijo la mulata reprimiendo una inminente carcajada.- que no es un mal nombre... ¡Para una Furia Negra!

-Bueno, sí... -Admitió Demothy.

-Mola. -Dijo Rastalf.

-Ajá. -Afirmó Gabriel.

-¡Ahíva la ostia! ¡Le pega, joder! -Confesó Pachiego.

-¡Ya te digo! -Acordó Drackk.

-Bueno... pues... -Dijo riendo Lanegra.- ¡Artemisa Cascanueces!

-¿Y yo? -Dijo Gabriel.

-Los nombres que ponemos a nuestros compañeros deben remarcar su personalidad, definirlos, recordar sus logros… -Explicó a los cachorros la mulata.- Por ejemplo, hay una acción de Gabriel que nos sorprendió a todos, y gracias a ello pudimos vencer a los monstruos de la bata blanca, ¿Verdad?

-Zí, eze aullido que todoz ezcuchamoz.- dijo Artemisa.

-Vale, te sigo, ¿Qué nombre propones? -Preguntó Demothy.

-Pues... ¿Que os parece “Garganta Profunda”?

Los compañeros se echaron a reír. Gabriel, viéndoselo encima, aulló lastimeramente, aunque en sus labios había una tímida sonrisa.

-¡Gabriel Garganta Profunda! -Dijo la mulata, con lágrimas en los ojos de tanto reír.- ¿Y a Pachiego que nombre le pondríais?

-¿Que oz parece “Oculta la Luna”? -Dijo Artemisa.- Lo digo por la chapela.

-¡No! ¡”Ahí Va la Ostia”! -Dijo Drackk, que empezó a reír de manera escandalosa.

-No lo pillo. -Se quejó Rastalf.

-Ahí... va... ¡el mamporro! -Le repitió Demothy lentamente, para que el hippie lo captara.

-¡Ah! ¡Ahora lo entiendo! -Rió Gabriel.

-Yo prefiero lo de la chapela... -Insistió Artemisa.

-¡Oye! ¿Y si le llamamos “Ahí Va la Ostia que Oculta la Luna”? ¡No voy a ser el único que tenga un nombre más largo que una clase de latín!

-Pachiego Ahí Va la Ostia que Oculta la Luna, -Reía Lanegra.- ¡Adjudicado!

De una manera instintiva, los ojos sonrientes buscaron entre los compañeros una nueva víctima. Todos los ojos se fijaron en que Drackk todavía no había sido bautizado. La mirada recriminatoria del de la cresta arrancó más de un carraspeo.

-¿Alguien ze acuerda de una película de un niño con un cachorro de lobo... ? -Preguntó Artemisa.

-Sí, que el lobito era muy dulce y adorable ¿Verdad? -Le siguió el cuento Lanegra, que vio por donde iba su hermana de tribu.

-Si me acuerdo bien, el cachorro de lobo era muy pequeñito y indefenso... -Colaboró Demothy.

-A mi me recordaba a un cartel de Green Peace que salía un lobito tan pequeño, que todavía tenía caída una de sus orejitas. -Siguió Rastalf. Drackk se ponía nervioso por momentos. Conocía perfectamente la película.

-¡No... !¿Verdá? -Imploró.

-Pues me temo que sí -Dijo Lanegra sin parar de reír.- ¡Drackk Colmillo Blanco!

Los compañeros se tomaron su tiempo para mofarse mutuamente del nombre que les había sido impuesto. Aunque pareciera extraño, cada uno de ellos se sentía orgulloso de ese nombre. Era el bautizo garou. Un nombre para toda la vida, para su nueva vida. Cuando las risas empezaron a acallarse, empezó a flotar sobre los compañeros la sensación que se estaban olvidando de algo.

-¡Oye! -Les dijo Pachiego.- ¡Que nos dejamos a Natasha, ahíva la ostia, joder!

-Eh... Natasha, sí. -Dijo Gabriel.- ¿Que nombre le ponemos?

-Yo veía una serie que iba de un médico que tenía varios ayudantes… -Explicó Demothy.- y uno de ellos era una chica. Era la que siempre se salía con la suya, sin importar el método que usara. Me recuerda a Natasha, en cierto modo. Y el médico no la llamaba por su nombre, tenía un apodo…

-¿Y como la llamaba? –Pregunto Gabriel.

-Eh… -Respondió el indio, que hurgaba algo que tenía bajo las uñas.- pues… “Zorra Implacable”.

-Vale, Natasha Zorra Implacable. -Dijo Drackk. Todos afirmaron con la cabeza. Era más fácil poner nombres a los compañeros que no estaban presentes.- ¡Pero cuando llegue se lo dices tú!

Las risas comenzaron de nuevo. Lanegra se sentía muy a gusto con ellos. ¡Eran maravillosos esos cachorros! Actuaban como una verdadera manada, y cada uno era distinto. Pensaban diferente, tenían maneras de ver el mundo totalmente opuestas, sin embargo se sentían bien los unos con los otros y habían formado una unión muy sólida. Parecía que habían despertado para formar equipo.
Mientras las risas se extinguían de nuevo y la reunión daba paso a un parloteo distendido, uno de los crinos dorados, guardaespaldas de Koniezo, se acercó.

-Busco a Demothy. -Dijo, con tono autoritario.

-Soy yo. -Le dijo él, recuperando su seriedad habitual.

-Yo soy Julius Estrella Doble. Cómo alfa de la manada de la Luna Fría, te comunico que el Margrave Konietzo te convoca a ti y a tu gente delante del Tribunal de las Tribus.

-Julius Estrella Doble, -Le contestó Demothy.- por favor, acompáñanos ante el Margrave.

El crinos afirmó con la frente y se dio media vuelta. Demothy miró a Lanegra. Su mirada era de comprensión, de apoyo.

-A partir de aquí, vuestro camino es sólo vuestro. Pero yo estaré cerca. Sed fuertes, todo irá bien. -Le dijo la mujer.

El indio no contestó. Miró a sus compañeros. Estaban preparados. Ahora ya no había marcha atrás. Se giró y siguió al garou dorado. Sus compañeros de manada fueron tras él. Lanegra los vio marchar hacia una gran casa de piedra y madera. Suspiró. Ya no podía hacer nada más.


Tags: Manada_Luna_Fría

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