
Aun no puedo cantar victoria; todo hay que decirlo, debo acabar de recoger la casa después de todo un estropicio que ha surgido a raiz de unos estudios que han supuesto horas sin dormir, lágrimas, lamentos, sufrimiento, tormento, y nervios a flor de piel, por no decir de mucha mucha tensión; además, debo volver otra vez a ser Teleoperador de Guayphone (El lunes tengo que ir a ver que me dicen, con el currículum otra vez) durante tres meses, y para la vuelta, tengo un segundo curso con nada más y nada menos que unas prácticas de las cuales me siento nada preparado, un crédito de síntesis, y mucha, mucha caña.
Pero bueno, puedo tocar madera porque he conseguido pasar el primer curso sin que me quede ni una.