Lunes, 22 de junio de 2009
Por Byjana @ 0:21  | Relatos
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-Pero, ¿podemos hacer algo, mientras esperamos? –Dijo el indio, que tenía en mente el edificio de la biblioteca.

-Claro, Demothy, -Respondió la morena.- somos sus invitados, por ahora.

-Vale, pues yo me iré por ahí.

-Puez yo voy a dar una vuelta para ver todo ezto. –Dijo Artemisa.

-¡Pos yo me iré a ver si me dan un poco de vinico y unos pinchos! ¡Ahíva la ostia, joder!-Dijo Pachiego.

-¿Tendrán café? –Preguntó Rastalf, dándose la vuelta sin esperar respuesta.

Los compañeros se desperdigaron. Sólo Gabriel permaneció de pié, cerca de Lanegra. Esta vio, por el movimiento de sus orejas de crinos, que estaba pendiente de algo que sucedía en otro lugar.

-¿Que escuchas? –Le preguntó.

-Es una historia, pero ya está terminando… -Contestó, abatido.

-¡Ah! –Comprendió la mujer.- ¡Claro, eres un galliard! ¡Ven, vamos a ver si nos la puede volver a contar para nosotros!

Gabriel dibujo una especie de sonrisa lobuna en su rostro de guerrero, y se dejó acompañar. Casi a las afueras del túmulo había un círculo de oyentes que ya se estaba disolviendo, y en medio un garou en forma homínida. Debía ser el bardo de la tribu.

-¡Oye, por favor! –Le gritó Gabriel. -He llegado tarde… ¿te importaría volver a contar esa historia?

-¡Pues claro que no! –Le contestó el galliard, ufano.- Es una de mis favoritas. Tomad asiento. –Les dijo a los dos. Lanegra se sentó en el suelo y el crinos albino la siguió, con una gran sonrisa. El narrador carraspeó e hinchó el pecho.- “Antes de que los garou se alzaran sobre la tierra, otros cazadores eran considerados los más temibles y osados… Eran las piedras. Estos cazadores nunca retrocedían y cuando se fijaban una presa, siempre la conseguían. Pero una vez, las piedras, sintiéndose los seres más poderosos del mundo, decidieron sentarse a descansar…


Artemisa vio que a lo lejos, dos crinos estaban peleando, parecía un entrenamiento. Se acercó. Cómo había pensado, los dos machos en cuerpo de guerrero combatían dentro de un círculo tosco marcado en el suelo. Los observó. No luchaban mal, pero eran hombres, y pecaban de confiar demasiado en la fuerza bruta. En un final digno de película, el crinos más alto levantó por el cuello a su rival e hizo darle una vuelta por encima de su cabeza. Luego lo tiró hacia los otros garou que asistían al combate, que aullaron de satisfacción. El crinos alto, que no era tan alto como Pachiego pero quizá más que Drackk, se regodeaba de su victoria con los puños al aire.

Artemisa, todavía su cuerpo en humano, entró dentro del círculo marcado en el suelo.

El silencio cayó sobre los presentes. El crinos vencedor se giró, suspicaz, y puso los brazos en jarras.

-Vaya, preciosa… -Rió.- ¿eres mi premio?

Estalló una risotada general. La rabia nació en el corazón de la mujer, pero pudo controlarla y permitió que su cuerpo adquiriera la forma guerrera.

-No, -Le contestó.- pero puedo zer tu perdición. ¿Juegaz?

El macho frunció el ceño. No estaba acostumbrado a que una mujer le desafiara, pensó Artemisa, por eso el desafío había sido mayor. Sin darle tiempo a reflexionar si había sido buena idea, el macho se lanzó sobre Artemisa. Con una agilidad sorprendente, ésta doblo su espalda en un precioso arco con el que esquivó a su adversario. Podría haberle golpeado,… pero sólo le dio un coscorrón. Los presentes empezaron a reír, tímidamente. El crinos se giró, enfadado. Volvió a arremeter contra ella. Al ver que se acercaba, la mujer giró sobre si misma y barrió con su poderosa pierna los pies de su rival. Estos se desengancharon del suelo y cayó tan largo como era al suelo. Sin dar tiempo a parpadear, Artemisa le dio un pequeño puntapié en el culo. Se escucharon más risas ahora ya más confiadas. El macho rodó por el suelo y se levantó, unos metros más allá. Ella sabía, por la mirada que le dedicaba, que él no soportaría durante mucho más tiempo su rabia. Explotaría en un frenesí asesino y entonces no sólo ella correría peligro. Acabaría con esto rápido. Hizo un amago de lanzarse acorrer, a lo que el macho reaccionó también con un arranque a la carrera. Pero la mujer frenó y dio un paso lateral demasiado veloz cómo para que el crinos pudiese reaccionar. Giró sobre si misma y le lanzó una patada en el vientre. Sumadas la fuerza de su pierna con la fuerza del avance del macho, el golpe le dejó sin resuello y cayó de rodillas al suelo. Estallaron los vítores y los aplausos de los concurrentes. Se acercaron a ella, que ya había resbalado de nuevo a su cuerpo de homínida, le chocaron la mano y le palmearon la espalda. Lanegra le había dicho que ella era una ahroun…. En esa pequeña pelea había disfrutado de lo lindo.

-¡Mujer! –Gritó alguien tras ella. Al girarse vio que era el adversario que acababa de vencer. Se acercaba a ella, todavía con una mano en el vientre. Todos los presentes se callaron y se apartaron de los luchadores. Cuando estuvo frente a ella la observó, le miró a los ojos. Ella no se amedrentó y le sostuvo la mirada. El que todavía estaba en crinos tendió su mano a la mujer. –¡Enhorabuena! Me has pillado desprevenido, pero a partir de ahora estaré más alerta. La próxima vez que entrenemos juntos no te van a servir tus truquitos de Furia Negra. –Resbaló él también a homínido. Artemisa se puso colorada, su cuerpo humano era realmente bello, musculoso y curtido. En sus labios una gran sonrisa.- Porque me concederás la revancha, ¿no?

-Eh… Zí, claro. –Contestó la mujer, chocándole la mano. Notó que también sus labios sonreían. De pronto, entre la gente, escuchó un grito. Un a voz familiar pero inesperada que decía:

-¡Eh! ¿Quién é er chorvo ese? Que le parto la cara ¿eh?


-“…no iban a perder nada, descansarían y cómo eran tan veloces, enseguida alcanzarían de nuevo su presa y podrían cazarla. –Seguía el galliard. Gabriel disfrutaba de lo lindo, Lanegra bostezaba.- Así que las piedras se sentaron en círculo y descansaron. Descansaron unas horas, luego un día entero, un mes, y un año. Una de ellas dijo “¿No hemos descansado lo suficiente ya?” Pero otra le contestó “¿No somos los mejores cazadores del mundo? ¿No nos merecemos descansar más?” Y así siguieron descansando, un siglo, dos siglos, tres…


Demothy pasaba furioso las páginas de un libro. Quizá pedirían la muerte de los compañeros, pero había algo, en su fuero interno, que le decía que ellos estaban aquí para algo más. Su sueño lo confirmaba. Algo o alguien estaba con ellos. ¿Un ser de la Umbra, quizá? ¿La Diosa Gaya? Tenía que buscar información. Muchas de las cosas que encontraba, ya las conocía. Pero no era suficiente. Encontró una fotografía de una especie de ser alado, con cuernos de ciervo y cola de serpiente. Bajo la foto estaba escrito el nombre de Uktena. Lo resiguió con el dedo. Uktena. Ese extraño ser era el tótem de la tribu que había tomado su nombre. Él era un Uktena. Eso podría ser interesante. Empezó a leer: “Los tótems son seres que guían a las manadas de garou…”


-“… Pero un día, una de las piedras vio volar en el cielo un halcón. “¡Oh!” pensó “¡Que bonito sería ver otros lugares de nuevo!” Y entonces quiso moverse, levantarse, andar… pero se dio cuenta que ya no se acordaba de cómo se hacía. –Contaba el galliard. Gabriel parecía empaparse de la historia cómo si fuera una esponja. Lanegra reprimía sus deseos de hechar una cabezadita, para no ofender al narrador.- Por eso decimos que ya tendremos tiempo de descansar cuando estemos muertos, porque si tomamos un tiempo de ocio, cuando queramos volver a salir a cazar, quizá no nos acordemos de cómo se hace. Esta es la moraleja de esta historia. –Terminó el bardo. Hizo una sentida reverencia y Gabriel empezó a aplaudir. Lanegra aplaudió también, más por acto reflejo que porque se hubiese dado cuenta que la historia había concluido.- Cachorro, -Le dijo a Gabriel.- ¿Por qué no me cuentas tú una historia?

Un poco aturdido, Gabriel se levantó. El hombre se acercó a Lanegra y se sentó al suelo.

-Es muy joven, ¿verdad? –Le preguntó a la mujer.

-Despertó hace una semana.- Le contestó ella.

-¡Pero si es un metis!- Replicó él.

-Sí, y su nombre es Gabriel.- Lanegra le miró. Sus ojos le revelaron exactamente la reacción que quería provocar en él.

-Él… ¿Es Gabriel? ¿El de la saga del Caminante? –Dijo, admirado. Ella afirmó con la cabeza.

-Esta es la historia de siete garou, que despertaron hermanados bajo la luz de la Luna Fría… -Empezó a recitar Gabriel. Su voz era potente, profunda. Empezaron a llegar oyentes de todas direcciones y pronto la historia de los cachorros fue narrada delante de decenas de garou expectantes. El galliard lo observaba, fascinado, y con la boca abierta.

Demothy cerró el libro de golpe. No le había revelado mucha más información de la que él ya tenía, excepto lo que había leído sobre los tótems. Uktena, Pegaso, Búho, Fenris….

-¡Ahíva la ostia, joder! -Escuchó que alguien decía, entrando en la sala.- ¿Qué haces perdiendo el tiempo aquí cuando podrías estar comiendo unos pinchos de venado?

-Pues… creo que es más productivo mi trabajo que el tuyo, ¿no crees? –Le contestó el indio, divertido.

-Eh… pues no, ¡Ahíva la ostia, joder! –Dijo convencido el de la chapela.- Pero… ¿Crees que nos van a matar?

-No lo creo, Pachi. Hay algo más. No se lo que es, pero estoy seguro que está ahí.

-Ah… -Dijo el vasco fingiendo haberle entendido.- Bueno, es que esta noche he soñado algo raro… y que conste que no creo en sueños ni brujerías, ¿eh? ¡Ahíva la ostia, joder! A lo mejor tú sabes que significa.

-¿De que iba el sueño, Pachiego? –Le preguntó, haciendo un esfuerzo por contener su interés.

-Pues… yo estaba en un río, ¿sabes? Y casi no tenía fuerza para avanzar, ¡o sea que ya ves que río más fuerte! ¡Ahíva la ostia! Y arriba de la cascada había un lobo. ¡Pero era el lobo más impresionante que hayas podido imaginar, joder! Era enorme y tenia como una especie de corona de fuego, cómo si fuese un león, ¿sabes? Y quería llegar hacia él pero no podía porque el agua no me dejaba. Pero de golpe empecé a chocar contra algo y erais vosotros, bueno, vuestros cuerpos, o mejor dicho, pedazos de ellos. Intenté de nuevo volver a avanzar pero el lobo me miró y se fue. Luego ya me desperté.

-El lobo que me cuentas era negro y rodeado de llamas, ¿verdad? –Le preguntó el indio. Pachiego afirmó con la cabeza.- Pues se trata de Fenris, el tótem de tu tribu. Por lo que me has contado es un sueño premonitorio, y usa símbolos para decirte cosas que tú mismo debes entender. ¿Has seguido avanzado, a pesar que nosotros estábamos muertos y destripados por el río? Pues parece a que Fenris no le gustó.

-Ah… -Suspiró Pachiego.- Ya lo entiendo… Por eso se ha ido ¡Ahíva la ostia, joder! ¡Pos gracias, tío! ¿Seguro que no te apetece un vaso de vino? ¿Una cerveza?

-No, gracias. –Le dijo el otro, escueto. El de la chapela vio cómo cogía otro de sus libros y empezaba a ojearlo. Decidió dejar al indio con su lectura y salió de la casa de madera. En el exterior una ola de vítores y aplausos parecía llegar de un sitio concurrido. Se acercó, curioso, para ver que pasaba.

-¡No, hombre! –Le dijo el joven atractivo a Drackk.- Sólo estábamos entrenando.

-¡Ya haz llegado! –Dijo, sorprendida y colorada Artemisa.- Eztamoz ezperando que convoquen a las tribuz para nueztra vizta.

-Fale, -Dijo el de la cresta, dedicando una amenazadora mirada al hombre que tenía cogida la mano de Artemisa.- ¿Donde esta la chorva del tatu?

-Se ha quedado con Gabriel.- Dijo ella, soltándose del garou apresuradamente.

Los que estaban reunidos entorno al combate, empezaron a machar. Algunos a la carrera, algunos cuchicheando y señalando enfrente.

-Güeno, ¿y ahora que pasa? –Preguntó Drackk, todavía malhumorado.

-Pues parece que los convocados empiezan a llegar. ¿Vamos a verlo? –Propuso ella.

-Buá… -Aceptó él, con un movimiento de hombros.


Tags: Manada_Luna_Fría

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