Lunes, 04 de mayo de 2009
Por Byjana @ 0:06  | Relatos
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- Hace dos noches aconteció en el cielo algo especial, algo que sólo ocurre una vez al año. Hay un mes en el que pueden verse dos lunas llenas. Una al principio, y la otra que se sucede cuando no ha concluido todavía. La segunda de esas lunaciones es la que llamamos Luna Fría, porque suele ocurrir cuando está a punto de entrar el invierno. La Luna Fría tiene mucho poder, ya los antiguos lo sabían. La Diosa demuestra a los hombres que su manera antinatural de medir el mundo no puede doblegar a la naturaleza. Esta luna es de especial importancia para los garou, para sus descendientes, ya que algunos parentela que no han demostrado ninguna señal del cambio a edades avanzadas, como vosotros, despiertan llenos de poder bajo su luz. Cuando esto ocurre, pues no todos los años aparecen cachorros en la Luna Fría, se hace una gran celebración. Se dice que este hecho tan especial significa que la Diosa no ha perdido todavía la fe en sus guerreros. Hacía más de cinco Lunas Frías que no se producía un despertar tardío… ¡Y este año nada más ni nada menos que seis cachorros!

-No, somos siete. –Puntualizó Rastalf.

-Perdona,… siete. –Se corrigió Lanegra, pero la vio lanzar una fugaz mirada a Gabriel.- Creo que ésta es la marca que os une.

-La Manada de la Luna Fría,… -Dijo Demothy.- Me gusta.

-Zí, -Corroboró Artemisa. Los demás afirmaron con la cabeza.- y ez algo nueztro.

Rastalf era consciente del pacto que estaban haciendo, los unos con los otros, y de lo que sellaban con ese nombre. Serían la Manada de la Luna Fría. Cómo invitada por esa certeza, la sensación de una presencia fantasmal, poderosa y amable, se hizo sentir en su corazón. Lanegra pareció otear el espacio entre ellos, sintiendo más que viendo, ese ser que se posaba sobre la recién creada manada.

-Tenéis mucha suerte, Gaya os ha bendecido esta noche, y ha enviado a uno de los totems más hermosos para que cuide de vosotros. Su nombre es Ciervo. Es un espíritu salvaje pero noble, protector de las hadas y demás espíritus feéricos. Sólo pedirá de vosotros que respetéis a esos seres y les ayudéis todo lo posible.

-¡Mooola! –Dijo Rastalf.

-Pues más va a “molarte”, Rastalf, porque una vez instituida la manada podéis viajar libremente a través de la Celosía, que es el fino velo que separa el mundo físico de la Umbra, como un solo ser que sois ahora. ¿Demothy? –Le dijo, y señaló de nuevo el retrovisor de la moto de Artemisa, que yacía olvidado en el suelo. Éste se acercó confiado al espejo. Ya sabía lo que había de hacer. Lo miró y se concentró. Lanegra había dicho que buscara la imagen y su reflejo. Y de nuevo se desdibujó y desapareció. Esta vez había sido mucho más rápido. Rastalf se acercó al retrovisor y lo miró. Localizó la sensación y su punto de vista cambió. Todo era igual… pero distinto. Sus compañeros ya no estaban, sólo vio al indio que se estaba encendiendo un cigarrillo.

-¡Oye, como mola todo esto! –Rastalf había entrado también en el mundo espiritual.

-¡Buenas! –Dijo Gabriel, con su calma habitual, y las manos metidas en los bolsillos de los enormes pantalones de pana.

-Imprezionante… -Suspiró Artemisa.

-¡Ahíva la ostia, joder! ¡Es como estar borracho!- Dijo admirado Pachiego.

-¿Lo veis? –Preguntó Lanegra materializándose.- Esta es una de las diferencias de formar parte o no de una manada. Ahora seguiremos por una senda lunar hasta la cloaca que queréis ir a ver. –Puso las manos alrededor de la boca y gritó.- ¡Lu! ¡Lu, bonita! ¿Estás ahí? ¡Ven, rápido!

Rastalf vio que sus compañeros miraban alrededor. Pero nadie se acercaba, nadie… excepto un pequeño destello, un punto de luz blanca. Emitía un sonido parecido a un zumbido, cómo una pulsación, agudo y cristalino.

-¡Hola, Lu! Gracias por venir. Ya sabes que yo me pierdo por aquí. Queremos ir a una cloaca que queda cerca… ¿Nos llevarías?

Se escucharon más pulsaciones, con un sonido más ronco.

-¿Esa bolita de luz es un habitante de la Umbra? Un… ¿espíritu?- Preguntó Demothy.

-Bueno, sí. Es una lúnula. Son seres espirituales que viven aquí y que toman su poder de las fases lunares. Conocen muy bien la geografía de la Umbra y son unos guías extraordinarios. Lu es amiga mía desde hace mucho tiempo.

-Pero… por lo que parece no le apetece mucho ir a la cloaca. ¿No?

-No. Lu ya ha ido otras veces, y ya sabe lo que va a encontrar allí.

-¿Puedo preguntarle algo? –Preguntó el indio, con una expresión que no ocultaba su ansiedad. La lúnula flotó hasta él, emitiendo pulsaciones interrogantes.

-¡Claro! Lu siempre está encantada de hacer nuevos amigos. Lo difícil no es preguntarle, es entenderla cuando responde.

-Ah, no hay problema. Habla rápido, pero la entiendo. –Miró a la parpadeante bolita de luz con cierta deferencia y le preguntó.- Lu, ¿podrías hablarme de las lúnulas y de los otros seres que habitan este mundo?

Las pulsaciones y los zumbidos se sucedieron rápidos, alegres, mientras el ser de luz se movía arriba y abajo, emocionada de que le hicieran caso. Demothy la escuchaba, atento, y afirmaba con la cabeza.

-Sí claro, Lu. –Le dijo.- Y así me lo cuentas por el camino. ¿Vamos? –Dijo. Y empezó a seguir a la lúnula sin esperar respuesta. Los demás miraron a Lanegra, divertida con la situación.

-¡Joder! ¿De verdad la entiende? ¡Ahivá la ostia! ¡Nuestro alfa esta loco!

-No, Pachiego, él la entiende. Es un theurge y puede comunicarse con los seres de la Umbra.

-Vamoz a zeguirle, o le perderemoz. –Les apremió Artemisa, mientras cogía por el brazo a Gabriel. Rastalf siguió a la pareja. El último en avanzar fue Pachiego, todavía no muy convencido. Buscó a Lanegra y se puso a su lado.

-¡Ahivá la ostia, joder! ¿Ves que bien? Así podrás contarme lo de la Letanía esa que me has dicho.

-Sí, quería hablar contigo de eso. –Escuchó que le respondía la mujer.- La primera de las leyes de la Letanía dice que nunca un garou debe aparearse con otro garou… ahí fue donde yo la cagué...


Tags: Manada_Luna_Fría

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