Lunes, 09 de marzo de 2009
Por Byjana @ 8:24  | Relatos
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Casi había llegado a la puerta de bajada cuando vio a Pachiego, parecía que una mujer pelirroja acababa de darle calabazas. A Artemisa no le apetecía un pelo ver al hombretón. Esperaba fervientemente que no la hubiera visto, y si fuera así, que no se le acercara. Pasó de largo frente a la puerta escudada por la gente. Y llegó a los lavabos. ¡Los lavabos! Le había pasado por alto esa zona. A lo mejor no había encontrado a Lanegra porque se había metido allí. Sin dudarlo un momento, se acercó a la puerta de los servicios marcada con el inconfundible logotipo del monigote que parecía que llevara falda. No pudo reprimir una mueca ante tal evidencia de machismo. Abrió la puerta con cautela.

Dentro no había nadie. Las paredes estaban llenas de garabatos, nombres y fechas hechas a bolígrafo y la iluminación era deficiente. Había tres portezuelas que daban a los excusados. Una de ellas estaba cerrada. Se acercó e intentó escuchar. Le pareció oír voces susurrantes y risitas provenientes de dos mujeres. Escuchó resbalar el seguro de la puerta. Con un rápido movimiento se situó delante del espejo. Simuló retocarse su inexistente maquillaje. Por el reflejo del espejo pudo ver a las mujeres que salían del excusado. Una era rubia y vestía muy provocativa. La otra… era Lanegra. Se le hizo un nudo en la garganta. Se giró instintivamente. Estaba cara a cara con la asesina de garous. Tan poderosa que podría matarla de un soplido, tan implacable que de saber su auténtica naturaleza no pestañearía dos veces antes de degollarla. Ella la miró a los ojos, fijamente, escrutadoramente. Y después de unos eternos segundos le preguntó:

-¿Qué quieres?

Artemisa sentía el pulso en sus sienes, la garganta seca, le faltaba el aire. Debía responder… ¿pero qué? Se delataría, delataría a sus compañeros. Debía pensar algo ¡y rápido! Sus labios empezaron a decir…

-Eh… ¿Tienez…un tampón? –Su mente reaccionó más tarde.

Aunque con tiempo y preparación se le hubieran ocurrido mil frases mejores que aquella, no parecía haber ido tan mal. La mujer mulata sonrió pícaramente a la rubia y le dio una palmadita en el trasero.

-Espérame fuera, bonita.-Le dijo. Con una risita boba, la otra mujer salió del lavabo dando saltitos. Luego se dirigió a Artemisa, con una sonrisa.- ¿Has venido sola?

-No, -Decía, mientras instaba a su mente a ir más rápido.-he venido con unoz amigoz, pero lez he perdido.

-Bueno, así no podrás decirme que no si te ofrezco invitarte a una copa ¿verdad?-Su voz tenía un marcado acento portugués.

-La verdad ez que… me apetecería un trago, zí.-Le contestó, un poco más segura. La mulata sonrió ampliamente.

-Oye, ¿no nos conocemos de algo? Tu cara me suena.

-Eh… Creo que ya zé de que te debe zonar,-Intentó Artemisa, viéndose entre la espada y la pared. –Hace un par de díaz fui al aeropuerto a recoger a una amiga… Creo que tú también eztabaz, ¿verdad?

-¡Ah! Pues a lo mejor debe ser de eso. –Le dijo, mientras la cogía del brazo suavemente y la instaba a ir saliendo de los baños. –Pero había mucha gente ¿Cómo es que te acuerdas de mí?

-Puez… -Decidió aprovechar que no la había reconocido como garou y entretenerla lo máximo posible.- …porque aparecíaz en una de las fotoz que le hice a mi amiga cuando llegó y… creo que no pude dejar de penzar en ti dezde que te vi en eza foto.

-Mmm… -Dijo Lanegra, sinuosa.-Me alegra que opines así…



Demothy había concluido el ritual. Podría decirse que había sido un éxito. Sopló suavemente sobre el vaso en llamas y estas se extinguieron. Aquellos que lo seguían se dispersaron y siguieron bailando por separado. Tenía que encontrar a Gabriel para preguntarle si notaba el ambiente tan cargado. Tenía el recuerdo de haberle visto bajar al piso de abajo con Drackk y Natasha. Bueno, sería cuestión de ir bajando.


Pachiego roía con ganas el caramelo que se había llevado a la boca. Seguía apoyado en la puerta mirando el panorama. Tantas mujeres y él estaba sólo. ¡Qué injusto era el mundo con él! Tan ensimismado estaba en sus pensamientos que tuvo que mirar dos veces para cerciorarse que no veía visiones. Artemisa acababa de salir de los lavabos muy arrimada, de hecho cogida del brazo… ¡de la mujer del aeropuerto! Parecían parlotear despreocupadas cómo si se conociesen de toda la vida. Al pasar por delante de él, la mujer mulata lo miró. El hombretón la escucho preguntar:

-Bonita, ¿este tío es amigo tuyo? Me suena de haberlo visto en el aeropuerto…

-¡No!-Respondió Artemisa. Le lanzó una rápida mirada a Pachiego a modo de alerta.- ¡No le conozco de nada!

Las dos mujeres se acercaron a la barra y se pidieron unas copas. Pachiego no podía creérselo, al final la garou loca estaba aquí ¡Y estaba con Artemisa! Debía avisar a los otros. Vio que entre la gente otro conocido había presenciado la escena. Rastalf, con la boca abierta, no perdía de vista a la pareja. Lo vio sacudir la cabeza y mirar analíticamente el porro a medio fumar que sostenía en la mano. Le escuchó decir:
-¡Mooola!

-¡Tío! –Le gritó Pachiego.- ¡No las pierdas de vista, joder! ¡Que voy a avisar a los de abajo! ¡Ahivá la ostia!

Rastalf no contestó. Observaba al de la chapela con una expresión que indicaba que estaba decidiendo si lo que había visto era real o no. Al poco levantó el pulgar en señal de asentimiento. Pachiego se lanzó a la carrera escaleras abajo. Cada segundo contaba.

Fue entonces cuando todos los compañeros escucharon un aullido. Potente, apremiante. Era Gabriel. Pedía ayuda.


Tags: Manada_Luna_Fría

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