Lunes, 02 de marzo de 2009
Por Byjana @ 17:08  | Relatos
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Rastalf disfrutaba de lo lindo. No sabía a ciencia cierta si lo que estaba viendo era debido al porro que se estaba fumando, o por el contrario el porro hacía que lo que estaba viendo no le pareciera tan fuera de lugar. Pero nada de lo que pudiese ser quitaba el hecho que era increíble. Lo primero que vio, de hecho era lo que le había llamado la atención, fue un fogonazo, cómo el que provocaba un porreta al fundir el chocolate con un mechero de llama potente… pero azulada. Al fijarse mejor vio que el portador del supuesto mechero no era otro que Demothy, y que el mechero era un cubata en llamas. En su otra mano parecía sostener algo que agitaba convulsamente. En sus labios podía leer la salmodia que había escuchado la pasada noche en el túmulo de las mujeres con cabeza de lobo. ¡Estaba haciendo el ritual de purificación! Esforzando al máximo su vista, consiguió reconocer lo que llevaba en la mano que parecía vacía: era una ramita reseca que Rastalf había visto prendida de los bajos de sus pantalones al entrar en la discoteca. Ese tío estaba loco… ¡y le caía de fábula! No satisfecho con la odisea de ejecutar un ritual garou en medio de tantos humanos y con útiles tan rudimentarios, había conseguido que esos humanos no sólo no sospecharan algo raro, sino que además se habían unido a él por la cintura formando una larga cadena. ¡Parecía una gran conga! Era como si los demás bailarines cediesen poder al indio para que él pudiese canalizarlo en el ritual. Y, de hecho, estaba funcionando. O a lo mejor era que el porro que se estaba fumando estaba demasiado cargado…


Artemisa oteó entre la gente, pero era muy difícil reconocer a alguien entre tantos, y sin contar con las luces parpadeantes que creaban una atmósfera de total deshubicación. Se dirigió a la barra con la intención de recabar información. No le fue fácil atravesar la marea de gente. Cuando por fin estuvo frente a los camareros, optó por preguntar.

-Perdona, he quedado aquí con una amiga, me preguntaba zi la habríaz vizto. Ez mulata de piel, lleva el cabello con trencitaz y tiene un tatuaje en el hombro que parece una herradura atravezada por un relámpago….

-¡Ah, sí! ¡Tú me estás hablando de Lanegra! La he visto hace un rato, se ha pedido una bebida, pero luego se ha ido hacia la pista. –Le contestó el camarero, sin dejar de servir bebidas.

-¿La… conocez?

-Sí, es una clienta habitual. Le encanta el bailoteo y la fiestuqui, ya sabes.

-Zí, claro… -Contestó atónita Artemisa. Decidió aprovechar el filón.- Oye, noz ezperan en el zótano, a miz compañeroz y a mí, unoz amigoz de Phillip. ¿A ella la conocez?

-¿Phillip? Por el nombre no, pero seguro que te refieres a una mujer que siempre va con traje y gafas de sol. Suele venir a menudo. Aprovecha la sala inferior que alquilamos para reuniones para quedar con gente mayor. Yo creo que debe dar cursos de etiqueta o manualidades… ¿Quién sabe? Bueno, si no te importa debo seguir atendiendo a los clientes…

-No, en abzoluto.-Le dijo. No entendía muy bien cómo usar esa información, pero una cosa estaba clara, la mujer del aeropuerto estaba allí. Debía encontrarla. Pensó en mezclarse entre la gente y recorrer la discoteca inmersa en la multitud, pero sabía que así no conseguiría nada. Volvió a buscar con la mirada desde esa nueva posición pero no encontró a la mujer. El camarero la había llamado Lanegra. Estaba allí. Pero ella no la encontraba. Quizá debiera bajar para avisar a los chicos. Sí, eso haría. Se dirigió hacia la puerta que daba al sótano.


Drackk, Gabriel y Natasha bajaron unas escaleras bastante amplias. En el primer piso que encontraron vieron una puerta metálica que estaba cerrada. El camarero les había dicho el segundo piso. Siguieron bajando.

-Oye, -Dijo Gabriel.- ¿soy yo o aquí apesta de lo lindo?

-No, colega, yo también lo juelo. No me gusta ná.

En el segundo piso encontraron una puerta metálica idéntica a la anterior. Drackk la abrió y vio una sala blanca, con una mesa central. En ella tres hombres y una mujer, todos con batas blancas como de médico, se giraron al escucharles entrar. En el otro extremo de la mesa había una especie de atril, y tras éste dos hombres más con bata. Uno de ellos los invitó a pasar.

-Señores, señorita… -Les saludó.- …adelante. Os estábamos esperando.


Pachiego llevaba todo el rato intentando acercarse a alguna chica. Parecía que hoy no era su día. Había visto llegar a Artemisa y quizá eso le había puesto de mala leche. Por eso las chicas no querían nada de él. Esperaba que todo aquello terminara pronto porque no se sentía a gusto allí. Había visto a Natasha, Gabriel y Drackk bajar con el maletín por la puerta que estaba al lado de la barra. Se acercó por si acaso pudiesen necesitarle. Una chica pelirroja parecía bailar sola cerca de allí, decidió probar suerte por última vez.

-Oye, moza, -Le dijo a la mujer con su potente vozarrón.- ¡has tenido suerte que hoy no haya venido acompañado! ¡Ahivá la ostia, joder! ¿Bailas, o prefieres pasar a algo serio?

-¿Tú de qué vas?-le contestó ella, un poco molesta. Y se apartó de él, mezclándose entre la multitud.

-¡Ahivá la ostia! ¡Eso, lárgate! Mira cómo sois las tías que no sabéis reconocer un buen partido cuando lo veis, ¡Joder!-Le dijo a pleno pulmón. No pudo decir si la chica lo escuchó. Con una expresión de mosqueo patente en su rostro, se apoyó contra la puerta de bajada. Metió la mano en su bolsillo y sacó un caramelo de menta.


Drackk husmeó el aire. El hedor era tan fuerte que tuvo que reprimir una nausea.

-Veo que habéis traído lo que nos prometió Phillip.-Dijo el hombre que había hablado antes. Se acercó a los compañeros y el de la cresta le cedió el maletín. Les hizo un ademán para que lo siguieran hasta el atril. Los hombres y la mujer que estaban sentados no les perdían de vista. El que lo llevaba puso el maletín sobre la mesa y lo abrió. Dentro había unos cuantos botecitos ambarinos con tapón cuentagotas. Debían tener una capacidad aproximada de treinta mililitros y contenían una sustancia líquida. Uno de los hombres sentados a la mesa tomó uno de los botecitos y lo abrió.

Un olor conocido de rosas llenó la estancia. Pronto Drackk se sintió mejor y dejó de notar el olor del Wyrm. A instancias de su olfato, ahora estaba todo limpio. Una sensación de confusión lo invadió. Un olor que puede ocultar la marca del Wyrm, un olor que...

-Huele cómo Phillip. -Confirmó Gabriel.- ¿Qué ha pasado?

A su espalda escuchó el sonido de una llave en una cerradura. Otro de los hombres sentados a la mesa había cerrado la puerta de seguridad con llave.

-¿Qué que ha pasao? ¡Que nos hemos metio hasta el cuello de mierda, eso ha pasao!


Tags: Manada_Luna_Fría

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