Lunes, 23 de febrero de 2009
Por Byjana @ 8:04  | Relatos
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El local que les había indicado Phillip era en verdad una gran sala de fiestas. Desde el exterior se escuchaba ya la música. Todo estaba decorado con neones y grafittis. Había mucha gente entrando y saliendo, bajo la escrutadora mirada de un hombre de anchas espaldas, vestido de traje negro y con un auricular en el oído. Miraba a todos los que cruzaban la puerta con cara de pocos amigos. Demothy sabía que ese tipo de locales eran frecuentados por estudiantes de su facultad, pero él era de los que prefería quedarse en la residencia a preparar los trabajos para la semana siguiente. Un codazo lo sacó de sus pensamientos.

-Eh, indio, -Le dijo Drackk.- ¿tú crees que el chorbo ese nos va a decí argo?

Miró a su compañero de arriba abajo. Su manera de vestir y la cresta que lucía no era lo más indicado para pasar desapercibidos. O quizá sí. Miró el maletín que llevaba firmemente agarrado. También observó a Natasha, en su cuerpo de glabro, hermosa y seductora, con su vestido de marca que apenas dejaba nada a la imaginación, como siempre.

-No lo creo. Vamos para allá.

Afirmando con la cabeza los compañeros se acercaron a la cola de gente que entraba y salía, y se colaron dentro sin mayor problema, aprovechando que el gorila de la puerta sólo tuvo ojos para Natasha.

El interior era tal cómo presagiaba el exterior. Una gran sala que quizá en otro momento había sido una nave industrial, con las paredes pintadas con grafittis de colores oscuros e iluminado por luces de neón y flashes estroboscópicos. A la izquierda, al fondo, había un escenario donde hombres y mujeres se agolpaban para bailar. Al frente unas mesas y sillas dispersas y abarrotadas de clientes con sus bebidas, y detrás de ellos una barra, atendida por tres jóvenes camareros. La música estaba muy alta y la atmósfera estaba saturada de hedores etílicos y humo de tabaco. Demothy se encendió un cigarrillo.

-Gabriel, ¿Huele mal aquí?-Le preguntó.

-Apesta. –Contestó el ciego, husmeando el aire.

-Tíos, voy a preguntar al chorbo de la barra. –Dijo Drackk.- Esperarsu aquí.

-Disculpa, yo iré contigo.-Atajó Natasha.

Vio cómo desaparecían entre la gente. Echó un rápido vistazo a sus compañeros. Artemisa no estaba, aunque contaba con verla pronto. Rastalf se había situado en un hueco oscuro cerca de la puerta y se estaba liando un porro, y Pachiego observaba todo lo que podía de los parroquianos con los ojos muy abiertos. Gabriel seguía a su lado olisqueando y arrugando la nariz. Le había dicho que apestaba, aquí había algún engendro del Wyrm. No podía bajar la guardia.

Al poco vio cómo la marea de gente entre él y la barra se abría en dos, y por en medio se acercaba Drackk, aferrando todavía el maletín. Le seguía Natasha, altiva, atrayendo todas las miradas y consciente de ello. Parecía encontrarse en su ambiente.

-¿Que os han dicho? -Le dijo a pleno pulmón, cuando el de la cresta estuvo lo suficientemente cerca para que le escuchara.

-Pos que va a hablar con los tíos que nos esperan. Están abajo. Enseguida subirá y nos llevará con ellos. Hay otra cosa… me ha parecido ver a la tipaja del aeropuerto.

-Mierda,-Dijo el indio.-Quizá por eso apeste todo a Wyrm. Bueno, pues a lo mejor me da tiempo de limpiar un poco…

-¿Qué dices, tío? ¿Qué quieres ponerte a bailar por aquí? ¡Tú estás majara!

-Oye, estate atento a si sube el chico, ¿de acuerdo? Y no le quites ojo al maletín.-Atajó Demothy.

-Bueno, tú sabrá lo que haces…-Masculló, pero el indio fingió no haberlo escuchado. Ya que tenían unos minutos antes no subiera el chico de la barra, aprovecharía para probar el ritual de purificación que había aprendido de las mujeres del túmulo. Si no recordaba mal, necesitaba una antorcha… ¿Dónde podría encontrar una antorcha en una discoteca?

Drackk vio alejarse a su compañero. Natasha estaba unos metros más allá, tonteando con un joven bien vestido y con aspecto de tener mucho dinero. Era cierto que todo aquello apestaba a cabrones. Recorrió la sala con la mirada en un intento de volver a localizar a la mujer sobre la que los había alertado Phillip. No la encontró, pero en cambio…

-¡Ostia, mira quien está ahí! –Le dijo a Gabriel.

-Sí, esto… -Le contestó.

-¡Coño, tío! ¡Era una ecs-presión!-Se disculpó Drackk.- ¡Quería decir que la maciza ha llegao!

-¿Artemisa? –Preguntó el ciego.

-¡Ah! ¿Ves como no entendemo?-Le contestó, y agarrándole del brazo, se acercó al podio donde se había encaramado la mujer. Parecía tranquila pero oteaba la sala buscando algo. En su mano tenía un vaso de cubata. Cuando los vio venir, sonrió.

-¿Tas bieng?-Le preguntó Drackk.

-Zí, perdón por el retrazo, ¿Me he perdido algo?-Dijo la mujer.

-No, acabamos de llegar. Hemos estado pipeando por aquí. Hemos disho que habíamos llegado al chorbo de la barra y ha ido a bujcar a los pavos con los que hemos quedao. Ahora va a subir porque los tíos se ve que están en el sótano o argo asín. Amás me ha paresio ver a la cabrona pero luego la he perdio y tal, y se lo he dicho al coñazo de indio que dice que se va a poner a bailar como con las chorbas del túmulo ese… pero luego te he visto y he venío. –Explicó Drackk.

-Eh… ¿Qué?-Preguntó desconcertada Artemisa.

-Que ya saben que estamos aquí y ahora mandarán a alguien a buscarnos, que le ha parecido ver a la mujer del aeropuerto pero que no está seguro, y que Demothy quiere hacer el ritual de purificación.-Tradujo, risueño Gabriel.



Demothy llegó a una rápida conclusión. A parte de la ropa que llevaba puesta, lo único combustible en ese local era el alcohol de las bebidas. Buscó algún vaso olvidado cuyo contenido no estuviera demasiado disuelto por los cubitos de hielo. Encontró un par de vasos que, por el olor, le parecieron bastante cargados. Juntó los contenidos en un solo vaso. Ya tenía su antorcha. Ahora le faltaba una rama…



-No me jodaz. ¿Azí que la mulata eza eztá aquí? ¿Noz largamoz cómo dijo Phillip?

-No. No creo que la tía se haya coscao que tamos rulando por aquí. Mira, a la que suba el tío de la barra me cojo al ciego y me piro abajo con el maletín. Asín terminamos el curro y podremos largarnos por patas.

-Bueno, zi creez que ezo ez lo máz conveniente… Yo me quedaré por aquí a ver zi veo a la loca eza. Zi la encuentro no le quitaré ojo.

Mientras Artemisa hablaba, Drackk vio un destello de luz a su espalda. La puerta del sótano, que estaba en medio de la barra y de los servicios, se había abierto. El chico con el que había hablado se había quedado allí, buscándolo con la mirada. Otro destello de luz, más discreto, apareció a su izquierda, en medio de la gente que bailaba en la pista. Vio de qué se trataba, mas se negó a creerlo. ¡Demothy había prendido fuego a un cubata y se había puesto a bailar entre la gente! ¿Es que no quedaba gente sensata entre los hombres lobo? De algún modo ese pensamiento le pareció incoherente, pero no acertó a saber porqué. Su atención volvió al chico que le esperaba en la puerta.

-Ya eh la hora, ciego. Tú vienes con el menda abajo, ¿no? Vamo a avisá a la pija.

-Claro,-Le contestó con una media sonrisa Gabriel.-aunque no me faltan ganas de ponerme a hacer el ritual con Demothy.

-¡Que no hemos venío a bailar, coño!-Bufó Drackk. Luego, con un tono suplicante se dirigió a Artemisa.-No te acerques a la chorba, tú a distancia, ¿eh? Y si puede ser que no te vea. No intentes nada tú sola, prométemelo. Y si necesitas ayuda…

-…oz avizaré.-Concluyó ella.-Y zi vozotroz necezitáiz ayuda…

-…te avisaremos.-Terminó él. Sin mediar más que una mirada que decía las palabras que los labios no sabían decir, Drackk y Gabriel se mezclaron con la multitud en dirección a Natasha.


Tags: Manada_Luna_Fría

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