Lunes, 02 de febrero de 2009
Por Byjana @ 8:46  | Relatos
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Demothy y Drackk, ya cambiados sus cuerpos en forma de guerrero, salieron de la protecciones de los árboles y se dirigieron corriendo a ayudar a su compañero. Las dos mujeres empuñaron sus armas y también salieron hacia la luz. Pachiego, transformado en la forma intermedia de hispo, el lobo terrible, se lanzó sobre la que tenía más cerca. Cerró sus mandíbulas brutales en torno al muslo de la mujer. La sangre manó a raudales. Las fauces de Pachiego se tiñeron de rojo. La fuerza de sus mandíbulas arrancó piel y músculo. La mujer bramó de dolor mientras caía de rodillas al suelo. El gran hispo escupió la carne de la mujer al suelo y preparó una segunda embestida.

Natasha apuntó a la mujer que parecía la líder, que se acercaba a la carrera. Disparó. Un gemido agudo le dijo que había impactado.

-¡Basta ya! -Gritaba Demothy.- ¡No luchéis! ¡No queremos haceros daño!

Artemisa se mantenía alerta. Apuntaba a las mujeres pero atendía a las palabras del indio. No disparó.

Una de las mujeres llegó hasta donde estaba Gabriel. Levantó su espada. Él se mantuvo impertérrito delante de ella, sin ningún atisbo de belicosidad. Bajó el hocico y se sentó sobre sus cuartos traseros.

No os queremos daño, hemos venido para ayudaros, dijo él.

Pachiego había saltado de nuevo, agarrando a la mujer con cabeza de lobo con sus robustas patas delanteras. Sus enormes mandíbulas se cerraron sobre su garganta. La sangre lucía ardiente bajo la luz de la hoguera.

-¡Pachi, suéltala! ¡No le hagas daño! -Gritó Rastalf.- ¡Son mujeres lobo, como nosotros! ¡No son el enemigo!

Pachiego le escuchó, la presión de su mandíbula se aflojó pero no la soltó. Natasha volvió a disparar. La líder sangraba por los dos agujeros de bala. La mujer que estaba junto a Gabriel atacó. Bajó su espada que le hizo un profundo surco en el lomo. Él no se movió. Drackk se abalanzó sobre la atacante, y de un empujón la lanzó por el aire.

-¡Que haces, ciego! -Le increpó.- ¡Defiéndete!

Creo en el sueño de Demothy. Dijo Gabriel.

-¡Hay que joderse! -Le quejó el de la cresta.

-¡No somos del Wyrm! ¡Somos de Gaya! ¡Hemos venido a ayudaros!-Gritaba Demothy.

Al escuchar el nombre de la Diosa, la líder dudó. Ese era el momento y Natasha no lo iba a desaprovechar. Volvió a dispararla. Y le impactó.

-¡Basta, pija!-Le dijo Drackk

-¡Somos amigos!-Gritaba Artemisa a cierta distancia.

¿Amigos? Pensó Natasha. Han atacado a Gabriel, la bruja esa está a dos pasos de ellos con su hacha de plata ¡A estas no las vamos a convencer! Y volvió a encañonar a la líder.

Pero Drackk fue más rápido que ella y se le tiró encima. Natasha cayó al suelo.

-¡Pero qué haces! -Le gritó al hombre.

-¡Ellas no son lo que hemos venido a matar! ¡Ellas son de las nuestras!

La mujer líder se quedó a cierta distancia. Levantó la mano, no muy convencida. Sus compañeras dejaron de atacar. El hispo seguía aferrando a su víctima.

-¡Pachiego, suéltala!- Le gritó Demothy. En sus ojos no se le veía ninguna intención de obedecer.- ¡Que la sueltes!

Con una expresión de resignación en la mirada, el lobo terrible soltó a la mujer, que intentó contener la hemorragia con las manos.

-Si no sois del Wyrm, ¿porque apestáis a Wyrm? -Dijo la mujer que llevaba el hacha.

-No somos nosotros, cuando hemos llegado también hemos notado ese olor. -Le explicó Demothy.

-¿Y porque estáis aquí?

-Nos han informado que vuestro túmulo podría sufrir un ataque del Wyrm y que debíamos ayudaros a protegerlo.

-Este olor nos ha confundido. Disculpad a mis hermanas. Estábamos celebrando un ritual para la consagración del túmulo a la diosa Gaya. Si queréis, podéis quedaros. No está de más tener ayuda por si se presenta algún percance.

-Claro, sería un honor... -Les contestó el indio. Vio que las mujeres transformaban sus cabezas de lobo en su aspecto de mujer. La líder se acerco a la mujer herida.

-Cachorro, -Le dijo a Rastalf,- ¿te importaría ayudarme?

-¡Eh! Claro, tía, ¿Qué hago?

Le tomó las manos con suavidad y las puso sobre las heridas del cuello de la mujer que estaba en el suelo. Natasha vio la sangre como paraba de manar, cómo la carne se cerraba bajo las manos del hippie, cómo una tierna capa de piel rosada cubría la herida hasta que desaparecía totalmente, dejando en su lugar una simple cicatriz.

-¡Mooola! -Dijo el hippie admirado.

-Si eres capaz de hacer esto, eres en verdad un seguidor de Gaya. -Le dijo la mujer.

-¿Entonces ese olor que notamos...? -Preguntó Demothy.

-Es el olor de la maldad de las criaturas del Wyrm. -Terminó ella.

-Pero, ¿viene de nosotros? -Preguntó Rastalf.

-Sí, eso parece, no lo entiendo... ¿Habéis estado cerca de un ser del Wyrm?

-Sí, -Dijo Gabriel, su cuerpo era ya el de homínido. Conservaba el profundo tajo en la espalda y el costado. Sangraba, y parecía que todavía no había empezado a cicatrizar. -Ayer por la noche. Estuvimos espiando a un vampiro...

-Y vimos a un jodido traidor de los garou y a una chorva mú cabrona.-Añadió Drackk.

-Entonces podría ser debido a eso, si os exponéis a un ser del Wyrm y no os purificáis, podéis llegar a oler como ellos.

-¿Purificarno? ¿Te refiere a pegarte una ducha o argo así? -Dijo Drackk.

-No, -Dijo ella sorprendida.-Me refiero a un ritual de purificación. Como habéis traído la mancha del Wyrm aquí, una vez concluido el ritual del túmulo, realizaremos un rito de limpieza de esos efluvios malignos. Si queréis, podréis participar.

-¡Sí! -Contestaron a la vez Gabriel y Demothy.

-Ahora yo y las hermanas terminaremos el ritual de la dedicación del túmulo. En esta ceremonia no podéis participar porque sois todavía muy jóvenes. Quedaos aquí y observad si queréis. Y descansad y curaos de vuestras heridas.-Dijo, mirando a Gabriel.

Rastalf, que seguía mirándose las manos, embobado y sin acabar de creérselo, se acercó a Gabriel. Curó sus heridas cómo lo había hecho antes con la víctima de Pachiego. Las mujeres volvieron a transformar sus cabezas en fauces de lobo. Regresaron a la posición donde las habían visto por primera vez. Sus cánticos se entonaron al cielo como aullidos de gozo y alegría. Sus bailes eran hermosos y los compañeros miraban el espectáculo admirados. Al finalizar, volvieron a tener faz de mujeres. Se acercaron a ellos y les pidieron que les acompañaran en el ritual de limpieza. Natasha pensó que debía ser parte de la cultura heredada de un pueblo primitivo. Aunque un poco incómoda, se quitó los zapatos de tacón y aceptó participar en los bailes. La líder de las mujeres tomó una antorcha prendida y una rama tierna de algún árbol. Mojó esa rama en un recipiente que contenía algo parecido a agua. Empezó con los cánticos mientras las demás mujeres la seguían e imitaban su baile. Los compañeros, encabezados por Demothy y Gabriel, empezaron también a seguirlas en aquel baile tribal. Danzaron alrededor de la hoguera. Al poco Natasha se dio cuenta que el aire cambiaba. Se sentía mucho mejor, alegre y relajada. Se sentía parte de un todo con esa gente que bailaba con ella. El ritual se acabó dejando a todos con la sensación de que debería haber durado más, mucho más. Pero el bienestar continuaba en sus corazones. Las mujeres se transformaron en la forma cuadrúpeda de lupus y lanzaron un aullido a coro hacia el cielo nocturno.

-Van a ir de caza.-Dijo Gabriel.

-¡Vamos nosotros también! -Dijo Demothy.

-¿Qué? -Se extrañó Artemisa.- ¿Ir a cazar... animalez?

-Claro,-Le contestó el indio.- somos hombres, pero también lobos. Está en nuestra sangre, al menos yo lo noto. Quiero hacerlo, quiero entrar en contacto con lo que yo soy, probarme ante la naturaleza, ante Gaya.

-¡Vamos! -Dijo, eufórico Gabriel.- ¡Aullemos también nosotros! ¡Salgamos de caza!

Los siete adoptaron la forma de lupus y se adentraron en la oscuridad del bosque.

Al despertar, la sensación de euforia de la cacería seguía muy presente. Su boca conservaba el sabor de la carne y la sangre de sus víctimas. Antes siquiera de abrir los ojos, Pachiego tanteó su cabeza. Sí, su chapela seguía allí. Durante sus correrías ni siquiera se había preocupado de ella, tal era la pasión con la que las vivió. Sus compañeros iban despertando, con una sonrisa en el rostro. Al ver que también estaba despierto le saludaban, todavía con la resaca de la euforia visible en sus rostros. Había sido curioso, hasta había acechado y matado un jabato codo con codo con Artemisa. Habían sido una extraña familia, una manada.

Pachiego miraba a los chicos y chicas cómo iban buscando y recopilando las piezas de ropa que habían quedado esparcidas por el claro. Debido a sus transformaciones, no conservaban un buen estado. Sus pantalones presentaban roturas y descosidos por todos lados, y su camiseta yacía tirada, hecha jirones, sobre un arbusto. Bueno, mientras conservara la chapela...

-Se han ido.-Murmuró Demothy a su lado.

Él afirmó con la cabeza. Los restos de la hoguera extinta eran la única prueba que no había sido un sueño. El ciego se incorporó, soñoliento, y tanteó a los costados. Pachiego se levantó y sintió todo el cuerpo entumecido. Vio unos metros más allá el bastón de ciego. Lo recogió y se lo dio a Gabriel. Artemisa cogió algo del suelo, pequeño, banquecino, y se lo prendió de la trenza de su flequillo.

-Deberíamos irnos.- Dijo.- ¡Ahivá la ostia! Y deberíamos pensar qué le contamos a Phillip, ¡Joder!

-Sí...-Contestó cansinamente Gabriel. -¿Qué le contamos...?


Tags: Manada_Luna_Fría

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