Lunes, 26 de enero de 2009
Por Byjana @ 13:45  | Relatos
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Natasha conducía su flamante deportivo. A su lado el indio con el mapa, detrás Gabriel, Pachiego y Rastalf. Artemisa la seguía con su moto, llevando a Drackk. Era oscuro. Mientras conducía pensaba en el pequeño juguete que llevaba en su bolso Dolce Gabbana. Demostraría a Artemisa y a los chicos lo buena tiradora que era. De hecho era buena en todo lo que hacía. Desde pequeña sus padres fueron muy exigentes con ella y jamás les había defraudado. Bueno, tampoco es que tuvieran mucho tiempo para ver sus progresos, ni tampoco para ella. Siempre estaba de clase en clase. Cuando salía del colegio, de pago, obviamente, iba a hacer esgrima, equitación, tiro con arco, francés, bordado, etiqueta, natación, centros florales y un largo etcétera. Llegaba por la noche a casa. Jeofry le servía la cena. Sus padres no habían llegado todavía. Ella se iba a acostar. Por la mañana le despertaba la luz del sol cuando Jeofry descorría las cortinas. Le había preparado el desayuno. Comía sola, sus padres se habían marchado ya a la oficina. Sólo los veía un rato el domingo, cuando iban al club de golf. Su padre y su madre, muy bien vestidos, iban a jugar con sus jefes, o sus clientes. Ella se quedaba con Jeofry que le llevaba a dar clases de equitación. Sus padres eran unos auténticos desconocidos para ella. Ahora estaban fuera, de viaje. Ella sabía que no volvería a verles jamás. No le importaba.

Y Jeofry, a él no podía permitirse echarle de menos, sólo era del servicio. Tampoco no le importaba volver a verle ¿Porque debería sentir siquiera algún tipo de aprecio por él? Sus padres le pagaban para que cuidara de ella, ya tenía suficiente recompensa, no hizo más que lo que era su trabajo. Estaba segura, a él tampoco lo echaría de menos.

Pero una lágrima delatora manchó de rimel su mejilla.

-Aparca aquí mismo,-le dijo Demothy, sacándola de sus pensamientos. Limpió su rostro de un manotazo.- Aquí hay una zona en la que los vehículos pueden permanecer ocultos desde la carretera.

Cuando los faros del deportivo iluminaron el arcén vio lo que decía su copiloto. Un camino, que quizá en algún momento fue transitable, ahora se cubría de vegetación. Pero el coche podía entrar en él unos metros y quedaría oculto en su mayor parte. La moto de Artemisa era más fácil de esconder. Bajaron del coche. Natasha recopiló ramas y hojarasca, y ayudada por Rastalf, cubrieron la parte trasera del vehículo.

-¿Alguien más nota la peste esta? -Dijo Gabriel mientras husmeaba el aire.

-No, -Dijo Demothy.- ¿De dónde viene?

-Yo sí que la noto, -Dijo Drackk.- pero no viene de ningún sitio, está en toos laos.

-Bueno, -Dijo Pachi.- ¿por dónde vamos?, que a mí esto me parece todo igual, ¡Ahivá la ostia, joder!

-Yo iría por allí, zi te fijaz, el muzgo crece en dirección a la carretera. Azí que zi entramoz perpendicularmente a la carretera, noz eztaremos dirigiendo al zur, ez decir, hacia abajo en el mapa que tiene Demo, que ez la zona que nos marcó Phillip.

-¡Venga ya! ¿Donde se ha visto que una mujer sepa orientarse? ¡A la que salís de la cocina os perdéis! ¿Vais a hacer caso a Artemisa? El mapa dice que vayamos hacia abajo. Yo propongo ir hacia abajo. Mira, por allí parece que hace bajada ¿Vamos o no? ¡Ahivá la ostia, joder!

Se hizo un silencio incómodo. Natasha no confiaba en las capacidades de Artemisa, pero su razonamiento parecía lógico, al contrario que el de Pachiego. De hecho había encontrado de muy mal gusto su comentario machista.

-Disculpad, yo voy por donde dice ella, y démonos prisa o no llegaremos a tiempo. -Zanjó.

-Sí, vamos, -concedió Demothy. Los demás les siguieron en procesión. Escucharon al hombretón de la chapela que gritaba tras ellos.

-¡Ahivá la ostia! ¡Y se van por allí! Pues si os perdéis acordaros de lo que os he dicho ¡Joder!

Avanzaban penosamente, en parte por culpa de sus tacones. Artemisa se paraba y observaba el crecimiento del musgo en piedras y troncos. Esperaba que luego supiesen volver. Se giró. Cerraban la comitiva Drackk y Gabriel, aprovechando el olfato de sus cuerpos de lupus. Los vio a ambos cómo, al avanzar, se paraban a cada árbol y levantaban la pata trasera. Puso los ojos en blanco. Bueno, así al menos el camino de regreso estaría marcado. Llegaron a un punto donde vieron un resplandor dorado en frente. Siguieron acercándose, en silencio, manteniéndose ocultos entre los arbustos. Observaron la escena. Natasha no estaba preparada para ver lo que se abría ante sus ojos. Cinco mujeres, con cabeza de lobo y túnicas negras, danzaban alrededor de una hoguera, parecía que estuviesen en una especie de trance. En sus manos tenían unas espadas rituales plagadas de joyas y piedras preciosas. La que parecía la líder, que estaba un poco separada de las demás, empuñaba un hacha, también enjoyada. Para Natasha, las piedras y metales preciosos eran una debilidad. Aquel metal era demasiado pálido para ser acero, eso era...

-¡Llevan armas de plata!- Cuchicheó a Demothy. Lo vio concentrarse y cerrar los ojos. -¿Qué haces?

-Phillip nos ha dicho que eran brujas. Deben estar empezando a hacer el ritual. Sabía que si te concentras lo suficiente, puedes sentir la magia... y hay magia aquí, deben estar invocando algo...

-¿El Wyrm? -Preguntó Natasha. Demothy subió los hombros, interrogante.

-Es que..., quizá deba contaros algo. Cuando era más pequeño tenía sueños que me hablaban de la realidad, premonitorios. Esta noche he vuelto a tener un sueño. He soñado que nos enfrentábamos a gente inocente. Quizá era una señal...

-¡Espera tío! -Dijo Drackk, ya en forma humana. Gabriel había abandonado la protección de los árboles y había avanzado hacia las llamas. Parecía confiado, pero alerta.

-¡No vayáis! -Decía Demothy. -¡No vayáis! Esperemos a ver su reacción.
Gabriel avanzó. Las mujeres con cabeza de lobo parecía que no se habían dado cuenta. Un movimiento entre los árboles llamó la atención de Natasha. Era algo grande y oscuro. Se fijó y vio que se trataba de la chapela de Pachiego. ¡Vaya, por fin había llegado! Se escondía torpemente entre los arbustos. Tampoco lo habían visto.

Gabriel había entrado en una zona más iluminada, todavía su cuerpo en forma lobuna. Su aullido sonó calmado. Golpeó con su cola el suelo y torció la testa a un lado. Buenas noches, les dijo.

Las mujeres lo miraron, recelosas, con sus ojos de lobo. Dudaron unos momentos, escasos momentos, hasta que la que parecía la líder gritó:

-¡El Wyrm! -La respuesta de las otras no se hizo esperar. Salieron a la carrera en pos del ciego.


Tags: Manada_Luna_Fría

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Comentarios
Jueves, 29 de enero de 2009 | 23:07
Como siempre muy bueno y muy fiel a lo que pas?.
 


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