Lunes, 12 de enero de 2009
Por Byjana @ 8:24  | Relatos
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Aquella tarde Natasha despertó especialmente malhumorada. No le gustaba tener que cambiar los horarios. No le gustaba madrugar ni le gustaba tener que compartir habitación. Bajó de la cama y aprovechó su mal humor para localizar la rabia que transformó su cuerpo en la forma intermedia de glabro. Se arregló el cabello. Al menos pudo recuperar de su mansión, algunas de las prendas que más le gustaban. Se puso su vestido de Dior y sus botines de tacón. Salió hacia la cocina, de donde le llegaba ya el olor del café.

Sus compañeros ya estaban sentados y comiendo. Los miró con desprecio, no la habían esperado. Tenía hambre, y sin embargo no le apetecía bollería insulsa, su cuerpo le pedía algo... diferente.

-Disculpa, -Se dirigía a Phillip. Su tono sonó más hiriente que de costumbre. –para mí es hora de cenar. ¿No tienes algo un poco más conveniente? Un entrecot o un carpaccio, por ejemplo.

La mujer del traje la observó, comprensiva. Se acercó a la nevera y sacó un paquete envuelto con papel encerado. Se lo entregó a Natasha que lo miró reticente. Eran unos bistecs de ternera, crudos, sanguinolentos y algo rancios. Se le hizo la boca agua. Cogió uno de ellos y lo mordisqueó, pero el sabor de la carne le apetecía tanto que pronto dejó las maneras a un lado y empezó a devorarlos con deleite.

-¡Eh, pija! –Le dijo Drackk.-Pasa algunos para el menda, que tienen buena pinta.

Aunque con la mirada lo hubiese fulminado, le pasó el envoltorio con lo que quedaba en él. El de la cresta comió bocado tras bocado hasta que se lo hubo terminado. Ninguno de los dos se dieron cuenta que sus compañeros llevaban rato sin probar la comida, y los observaban con la boca abierta.

-Bueno, -Carraspeó Phillip para retomar la atención.-Nos han pagado las fotos y me han dado la enhorabuena por lo bien que realizasteis la tarea. Tenemos ya los pormenores de la próxima misión. Para los garou hay unas localizaciones geográficas que son de sumo interés. Se llaman túmulos. Los túmulos son ubicaciones donde el velo que separa el mundo físico y el espiritual es más débil. En esos sitios el poder es inmenso y aquellos que lo saben utilizar lo codician. Nuestro enemigo, el Wyrm, ha tomado posesión de un túmulo que nos pertenecía. Un poderoso grupo de cinco brujas ha vencido a los guardianes del túmulo y esta noche pretenden realizar un ritual que vinculará el túmulo al mal. Debemos evitar tal sacrilegio. Vuestra misión es ir al túmulo de Vallgorgina y eliminar a esas brujas del Wyrm antes que concluyan el ritual. Si fracasarais perderíamos el túmulo. ¿Queda claro? Tenéis unas horas todavía antes que empiecen el ritual. Para que sea efectivo han de empezar con los cánticos a medianoche. Tomad el dinero de la recompensa por las fotografías y un mapa con la ubicación exacta del túmulo. Nos veremos mañana por la mañana, ¿De acuerdo?

Todos afirmaron con la cabeza. Cuando la mujer de las gafas de sol se hubo ido, Artemisa se acercó a Natasha.

-Oye, por lo que ze vé noz tendremoz que pelear, y yo no tengo armaz ni nada. Un amigo quizá noz podria ayudar, pero no tengo dinero zuficiente para comprar lo que él vende. Te propongo ir a verle, azí zi tiene algo que noz pueda interezar, tu ponez el dinero ¿Qué opinaz?

-Bueno, tengo algo de dinero, y a mí también me haria falta algún juguetito. Tu amigo ¿Qué vende?

-Bueno, todo aquello que no ze puede encontrar en un zupermercado, no ze zi me entiendez. Armaz blancaz, de fuego, munición... Hay para elegir.

-¿Y está muy lejos? ¿Cuánto tardaríamos en coche?

-Ehh... te recomiendo que no cojaz el coche. Iremoz con mi moto ¿vale? Que no ez muy buena zona, ya zabez.

-De acuerdo, pero me vas a deber una, ¿eh?

-Zin mí tampoco tú tendráz armaz.

-Está bién... –Admitió Natasha.-¿Nos vamos?

Las dos mujeres acordaron estar de vuelta lo antes posible. Salieron del piso y se encaminaron donde estaba la moto aparcada. No se dijeron nada. No había nada que decirse. A Natasha la otra mujer no le caía muy bien. Era ruda, poco femenina, y hablaba raro. La ropa que llevaba tampoco no le parecía de buen gusto. Y esa trenza que tenía en el flequillo hacía años que había pasado de moda.

Mientras Artemisa quitaba el seguro a la moto, Natasha probaba de ponerse el casco que le había dado. Tenía serios problemas. El casco le haría perder el volumen de su peinado. Sólo le faltaba eso para empeorar su mal humor. Se subió a la moto y se cogió a la cintura de la morena. La moto rugió y las dos mujeres tomaron las calles.

Después de un rato que fue demasiado largo para la rubia, llegaron a una especie de polígono industrial cercano a la costa. Era un sitio que, de ser por ella, no hubiera pisado nunca. Astemisa aparcó la moto y le hizo una señal para que la esperara. La vio acercarse a unos hombres que charlaban cerca de una furgoneta. Hablaron unos minutos y luego le hizo un ademán para que se acercara. Uno de los hombres abrió la puerta trasera de la furgoneta. Dentro había el paraíso del aficionado a las armas. Parecía mentira que en un espacio tan pequeño, hubiera tantas cosas. Cuchillos, machetes, hachas, pistolas, rifles, armas automáticas, y cargadores de varios tipos que descansaban dentro de cajas de cartón.

-¿Qué compramoz? –Le dijo Artemisa.

-Yo quiero una pistola. Si les disparo no se podrán acercar, y si no se acercan no me mancharán el vestido, ¿no?

-Yo también me cogeré una.

-¿Oye, lo de la plata que dicen... será verdad?

-Puez no zé. Oye, Tito,-Le dijo al hombre que les enseñaba la mercancía.- ¿tú zabez zi ze fabrican balaz de plata?

-Sí se fabrican, para tiradores sibaritas, de hecho suelen ser objetos de artesanía y suelen ser muy caras,-Le dijo.-pero da la casualidad que yo tengo aquí un cargador lleno de balas de plata que, por ser tú, y si me compras las dos pistolas, te lo dejaré muy barato. ¿Qué me dices?

Las dos mujeres se miraron. Con un movimiento de frente el trato quedó zanjado. Los hombres pusieron las dos armas, los cargadores y el valioso cargador de balas de plata dentro de una modesta y discreta bolsa de papel. Natasha sacó su enorme monedero del bolso. Cuando abrió el compartimiento de los billetes, Artemisa le advirtió con una mirada. Siguió la dirección de esa mirada y vio a los dos hombres con los ojos como platos, mirando el fajo de billetes que llevaba. Sacó el dinero justo y pagó la compra. Artemisa la cogió del brazo y le hablo al oído.

-¡Vamonoz de aquí!

Cogieron de nuevo la moto y se alejaron del lugar. Natasha vio por el retrovisor que los hombres las seguían con la mirada.

Cuando salieron del polígono, la rubia suspiró. Agarraba con fuerza la bolsa de papel con su ilegal contenido. Tenía ganas de estrenarlo.

No tardaron en llegar al piso franco…


Tags: Manada_Luna_Fría

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Comentarios
Por Rafa
Martes, 13 de enero de 2009 | 0:40
Que decir que no haya dicho ya... una partida ?pica como la que tuvisteis no puede tener mejores homenajes que un relato como ?ste que hizo N?tica y las tiras que haces t?.

?Fen?menas!
 


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