Lunes, 29 de diciembre de 2008
Por Byjana @ 12:15  | Relatos
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Salieron los tres a la calle. Todavía faltaban un par de horas para el amanecer. Se reunieron cerca del coche deportivo de Natasha, con la eufórica sensación de haber conseguido su objetivo. Artemisa no estaba.

-¿Quién se viene con nosotros? –Preguntó Demothy, consciente que no cabían todos en el vehiculo.

-Yo me voy pateando, llevadle el material a la paya. –Dijo Drackk.

Se metieron en el coche. La pija conducía. El indio iba de copiloto. Los otros tres restantes se apelotonaban en el escuálido asiento trasero. Los vio alejarse. Era un coche chulo, pero las multitudes le agobiaban. Y ahora le apetecía estar sólo.

Una moto se paró a su lado. La piloto se quitó el casco.

-¿Zubez? Te llevo. –Le dijo Artemisa.

-No. Prefiero estirá las piennas. –Y se giró, sin más. Se alejó mientras sentía los ojos de la mujer clavados el él. Sonrió para sus adentros.

La noche era el terreno de Drackk, era su mundo. Aunque el amanecer estuviera tan próximo, el velo aterciopelado de la oscuridad envolvía Barcelona y le reconfortaba. Corría por las calles con la libertad que su nueva naturaleza le otorgaba, y pensaba en su nueva vida. De hecho no era tan diferente de lo que había sido hasta ahora. Él era un depredador, un superviviente. No tenia aspiraciones de grandeza ni falsas esperanzas en las que mecerse. Drackk vivía el momento y se aprovechaba de lo que tenía al alcance en ese instante. No temía a la muerte, se lanzaba de cabeza a todos los retos, a todos los peligros. No pensaba que pudiese morir, tampoco pensaba que a lo mejor mañana podía seguir con vida. Lo que había descubierto de él esas escasas veinticuatro horas no le había causado un gran sobresalto. Su vida seguiría siendo la de siempre, una eterna lucha, aunque quizá los rostros de los enemigos fueran distintos. El mayor cambio que se había operado es que ahora no estaba sólo… y no era tan malo como hubiera supuesto.

Moderó el paso al entrar en una zona de calles estrechas y aceras sucias. Le recordaba el barrio donde él había vivido. Unos pasos por delante, un hombre vestido de traje caminaba soñoliento. Seguro que se dirigía a la oficina. Drackk se le acercó.

-Oye, payo, ¿tienes argo por ahí que te sobre?

-¿Pero qué…? –Dijo el hombre, que se vio entre Drackk y la pared.

-Na, tío, que me he dejao la billetera en casa ¿sabe? Que a ver si tienes algo pa prestarme. –A parte de sus pintas, tenía algo especial, intimidante. Aquellos que se encontraban cerca de él experimentaban el mismo susto que aquél que se encuentra dentro de la jaula de una pantera que se relame los bigotes.

-¿Qué quieres? ¿Dinero? ¡Cógelo! Pero por favor… ¡no me hagas daño!

-Buá, cincuenta chapas. Tamos pobres ¿eh? ¡Coño! ¡Si el yupi me lleva un tiqué de metro! Oye, te lo pillo.

-¡Sí, sí! Llévatelo, que no quiero problemas ¿eh?

-Mola tu reloj ¿me lo prestas?

-¿El reloj también? Pero si no vale nada… -Drackk le miraba fijamente con unos ojos que eran la inocencia pura. Sin pretenderlo, le estaba causando graves impedimentos a los esfínteres del hombre para que se mantuvieran cerrados.- ¡Llévatelo… por favor!

-Oye, tú sí que eres colega, tío. Toma, -Dijo, sacando su paquete de tabaco. –Te doy un cigarro a cambio, que me has caído bien.

-No, -Decía el hombre del traje, apabullado. –no fumo. Esto… pero gracias ¿eh?

-¡Pero que dices, coño! ¡Que te lo fumes! Un intercambio, ¿no? Pa agradeserte.

El hombre no sabía donde meterse. Cogió torpemente el cigarro y se lo acercó a los labios. Drackk se lo encendió, y probó de darle una calada inexperta.

-Bueno, tío, -Le dijo, dándole un par de palmadas a la espalda que casi le tiran al suelo.-Que vaya bien el currele, ¿eh?

Y se alejó andando tranquilamente. Escuchó al hombre tras de él que tosía desesperado. En el cielo, sobre su cabeza, el sol salía un día más.



Llegó el último al piso de Phillip. Estaban ya todos, sentados cómo cuando les vio por primera vez.

-Perfecto, chicos, hay muy buen material aquí. –Les decía la mujer de las gafas de sol mientras pasaba las fotos, una a una, en el visor de la cámara digital. Drackk se sentó al lado de Demothy.

-¿Ha visto la foto de la chorva del tatu? –Le susurró al oído. El indio negó con la cabeza. Gabriel y Artemisa también estaban atentos. ¿Quién debía ser aquella mujer morena del aeropuerto? Había desaparecido después de la reyerta con los agentes de seguridad.

El tiempo les pareció eterno, pero lo que esperaban, sucedió. El rostro de Phillip palideció.

-Esta foto,… esta mujer,… -Acertó a decir. -¿Estaba en el aeropuerto?

-Zí, le hicimoz unaz fotoz porque no paraba de mirar al traidor. Penzamoz que a lo mejor era importante.

-Pero… ¿Os dijo algo? ¿Se os acercó?
-No, no nos prestó atención, -Dijo Natasha. –Y eso que nos hicimos notar.

-¿Quién es esa mujer? –Preguntó Demothy.

-Las últimas noticias que teníamos de ella es que estaba en Estados Unidos… Al menos esa era la información que me dieron mis superiores…. No sabíamos que estaba aquí. –Hablaba como si divagara. Cómo si su mente estuviera a miles de kilómetros. Pronto recuperó sus elegantes maneras y con voz firme continuó. –No os acerquéis a ella. Es muy peligroso. Es una garou, como vosotros, la guerrera más poderosa que existe, pero está loca. Engendró un hijo de otro garou, algo que entre nosotros está prohibido. La castigaron con el destierro y le quitaron a su hijo. Ahora viaja por el mundo presa de su ira y su locura, buscando su hijo robado, y no dudará en mataros si sabe que sois garou. Odia a sus antiguos hermanos y todo lo que le recuerda a ellos. Quizá algún día tengáis el suficiente poder para enfrentaros a ella, pero ahora, aunque la atacarais todos juntos, no podríais hacer nada, nada en absoluto. Si la volvierais a ver dejad la misión, dejadlo todo, y corred. Huid por vuestra propia vida. ¿Me habéis entendido?

Drackk vio como Demothy y Artemisa le miraban. Les devolvió la mirada cómplice. Había algo más. ¿Qué era lo que Phillip no les decía?

Aunque la turbación no desapareció del rostro, la mujer de las gafas de sol quiso atajar el tema en ese punto. Miró una a una las fotografías de Demothy, que había pasado por un punto de revelado en una hora. Luego le pidió el móvil a Pachiego, quien lo había usado para hacer cortas filmaciones de la confraternización del traidor con los vampiros. Parecía muy satisfecha.

-Lo habéis hecho muy bien. Voy a hacerles llegar las fotos y vídeos a los superiores. Mañana ya tendremos el dinero. Os recomiendo que durmáis, que será un día largo.

Drackk vio a sus compañeros, cómo autómatas, levantarse de al mesa y despedirse los unos de los otros escuetamente. El cansancio por fin les había vencido. Se dirigieron a las habitaciones. Él les siguió, pero antes de abandonar la cocina office lanzó una fugaz mirada a la mujer de traje. Podía sentir el odio manando de ella. En sus manos, una foto de la mujer del aeropuerto.


Tags: Manada_Luna_Fría

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Comentarios
Por Rafa
Martes, 30 de diciembre de 2008 | 13:39
Y as? nuestros h?roes completaron su primera misi?n con ?xito.

Pero...
?Qui?n es esa mujer misteriosa y cu?l es su verdadera historia?
DU DU DU DUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUN

M?s en la pr?xima entrega de la Manada de la Luna Fr?a.
 


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