Lunes, 22 de diciembre de 2008
Por Byjana @ 8:45  | Relatos
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A esa hora de la madrugada, el aeropuerto estaba casi vacío. Algunas personas andaban nerviosas arriba y abajo de la terminal de llegada. Drackk miraba a sus compañeros. De hecho hacía rato que no perdía de vista a Natasha. Se había cambiado de ropa. Llevaba un conjunto algo descocado que le llamaba poderosamente la atención. Aunque su cuerpo de humana no estaba mal, con su recién descubierto cuerpo de glabro estaba espléndida. Parecía una modelo de las que salían en las revistas. Sus piernas eran interminables y sus pechos generosos. Eso era una mujer. Y esa mujer cogía por el brazo a Gabriel. Bueno, Gabriel no le caía mal, de hecho no le caía. Era el tipo de gente con el que normalmente no tenia trato. Artemisa les seguía a cierta distancia. Llevaba colgada del cuello su cámara digital. Aceleró el paso y hablo con Natasha. Cómo gesticulaba parecía que le diera consejos para posar. Bueno, cada uno se había metido en su papel. Un olor dulce y conocido llenó sus fosas nasales. Se giró imaginándose lo peor. Rastalf, el tío colgado y con rastas, se había echado en el banco cerca de la salida y se había encendido un peta, y allí no se podía ni fumar. Estos tíos le enervaban. Drackk no creía en las normas sociales, pero sí que en una ley que estaba escrita a fuego en su credo, la ley del “haz lo que quieras mientras no te pillen”. El colgao les iba a traer problemas. Decidió no perderlo de vista.

Avanzó, pasando al lado de la parejita pero sin prestarles atención. Miró de localizar al traidor. Era rubio, les había dicho Phillip, y muy fuerte. Entonces no había duda, era el hombre que esperaba en la puerta de desembarque. Le hizo una señal a Demothy. Éste afirmó con la cabeza. Ya lo había visto. El indio era un poco raro, pero era buen tío. Buscó al fortachón. Era difícil que Pachiego pasara desapercibido. Se había situado al lado de la puerta y miraba constantemente su móvil. Tenía el aspecto de aquél que ha quedado y espera una llamada. Bueno, al menos no parecía que fuera con el grupo. Miró el panel luminoso sobre la salida, el que marcaba los aterrizajes. El vuelo que venía de Japón y que tenía la llegada prevista a las seis, se demoraría unos minutos. Claro, no podría ser que hubiera sido tan fácil. Se recostó contra una columna mientras sus compañeros empezaban a hacer fotos.

-¿Oye, puedes hacerme una foto a mí, sólo? –Dijo Gabriel.

-Bueno, pero entonces me tienes que hacer unas cuantas a mí sola. –Decía la pija. Que todavía no había sonreído ni una vez.

-Me apetecen caramelos. -Seguía Gabriel.

-Pues pídeselos a ese de la chapela. –Replicaba Natasha, mientras Artemisa les hacía señas para que se desplazaran un poco a la derecha, luego un poco a la izquierda.

Demothy ya se había situado en posición, cerca de la puerta de desembarque. Miraba fijamente la puerta que se abría y se cerraba continuamente. Tenía controlados a los pasajeros que entraban al aeropuerto, y también al garou traidor, porque cuando se cerraban las puertas, por el reflejo, lo veía lanzar miradas fugaces en su dirección.

La pantalla luminosa anunció finalmente el aterrizaje del avión que esperaban. Siete u ocho personas se apremiaron a acercarse a la puerta para ver llegar a familiares y a amigos. Eso no iba a ser bueno para Demo. Demasiadas cabezas por medio. Pero con una capacidad de análisis que dejó sorprendido a Drackk, retrocedió unos pasos y se puso un poco más alejado del garou. Desde ese punto, aunque estuviera más lejos, tenía mejor ángulo de visión y podía coger mejor sus dos objetivos, cuando por fin se reuniesen. Claro, pensó para sí, ¡el colega tiene estudios! Un movimiento a su izquierda llamó su atención. Una mujer. La observó con la impunidad que sólo los que lucían sus pintas podían ejercer. Era mulata, de unos treinta y cinco largos. No era bonita ni tampoco pechugona. Drackk no entendía por qué la había mirado. Vestía unos tejanos y una camiseta de tirantes. Llevaba un tatuaje en el hombro… y estaba mirando fijamente al traidor. Su olfato no le fallaba nunca.

El indio le miraba. Él también se había fijado en la mujer. Con un movimiento de cabeza le indicó que le hiciera una foto. Le entendió. Se acercó discretamente a Artemisa.

-¿Has pipeao la chorva esa? Pégale una foto, que me ha entrao mal.

En ese momento vio el primer flash de la cámara de Demothy. Tres japoneses vestidos de traje entraron por la puerta de desembarque. Uno de ellos era extremadamente pálido. Miró a Artemisa que le devolvió la mirada. También lo había visto. Los vampiros se reunieron con el hombre rubio. Flashes de la cámara del indio. Bueno, parecía que el trabajo estaba saliendo bien.

-Ven conmigo, Gabriel, que te compraré chuches. –Le dijo, amable, la morena. El ciego se dejo llevar al quiosco con una amplia sonrisa. Mientras pagaba las chuches, le explicó. –Quédate aquí y disimula, a ver si desde este otro ángulo les puedo pillar mejor.

Gabriel comió una de las gominolas mientras daba un par de pasos golpeando su bastón contra el suelo. Artemisa sorteó las revistas hasta un rincón que le permitía un buen ángulo y la mantenía casi totalmente a cubierto. Esa chica… cada vez le gustaba más. Los golpeteos de bastón de Gabriel cesaron. Volvió a comerse otra chuchería mientras cogía algo del expositor. Se lo acercó a la cara con expresión observadora.

-Vámonos de aquí,- le dijo el indio. Se había acercado a él en total silencio. –de momento todo ha ido bien y ya tenemos lo que necesitamos, no hay que tentar a la suerte.

-Sí, claro, -contestó sarcástico el de la cresta. –nadie se ha coscao que estamos aquí pa algo chungo. Tenemos al puto colgao metiéndose un peta, el Bisbal pelirrojo de dos metros y con chapela que apunta a toos con el movi, y a un coñazo de ciego que está mirándose una postá al revés y pidiendo que le peguen fotos, sí, pirémonos que es mejor no tentar a… ¡Mierda, ahí!

Demothy miró en dirección donde le señalaba su compañero. Dos policías y tres agentes de seguridad del aeropuerto, con cara de pocos amigos, se dirigían donde se encontraba Artemisa. Uno le dijo algo a otro y la señalaron con el dedo, no había duda.

La chica se dio cuenta. Al parecer llamó al ciego, que con su rítmico golpeteo con el bastón, llegó a ella. Vio que tanteaba la bolsa de dulces que tenía Gabriel y luego salía corriendo en la otra dirección. Los agentes de seguridad también se lanzaron a la carrera detrás de ella. Eso fue un gran error.

Drackk no actuaba nunca por un razonamiento lógico, si no por puro instinto. Y en ese momento su instinto se activó, como se activa el de un sabueso cuando se le tira un palo. Sin pensarlo. Al ver que los agentes empezaban a correr, él también corrió… ¡hacia ellos! Se lanzó contra el agente que corría en cabeza. En pleno salto aprovechó para endosarle un patadón al que le iba detrás. Los dos agentes cayeron al suelo y él salió corriendo en la dirección por donde había venido. Los tres agentes que estaban en pié dudaron breves segundos si ayudar a sus compañeros, pero al final se decidieron a salir corriendo detrás de Drackk. Los dos que habían caído hacían lo posible por levantarse y recuperar la compostura. No se fijaron que un ciego andaba cerca.

Una vez en pié empezaron a correr en dirección al de la cresta. Hasta que no se dieron de nuevo de narices contra el suelo, no se dieron cuenta de lo que había pasado.

-Disculpe, ¿está usted bien? –dijo Gabriel al aire. –Es que soy ciego, ¿sabe? Usted que puede ver debería mirar por donde pasa.

-No se preocupe, no ha sido nada.-Dijo uno de los agentes desde el suelo, maldiciendo entre dientes.

Finalmente consiguieron levantarse y salir a la carrera detrás de Drackk, pero este ya había ganado mucha ventaja. Mientras corría colocó mentalmente a sus compañeros. Artemisa y Natasha ya habían salido de la terminal, Demothy acompañaría a Gabriel con los otros, Pachiego saldría el último para ver que nadie tuviera ningún percance, y el hippie era tan escurridizo como una anguila. Vale, estaba todo bien.

Al llegar al quiosco de alquiler de vehículos, dio un giro hacia la izquierda. Con una ágil voltereta volvió a dar otro giro alrededor del quiosco para ir por donde había venido. Como se imaginaba, los agentes no habían visto el segundo giro y seguían corriendo en otra dirección. Les había despistado, pero no era el momento de celebrarlo. Volvió corriendo a la puerta de salida y se encontró que en ese momento, como se había imaginado, Gabriel y Demothy salían de la terminal, y Pachiego no les quitaba ojo. No había ni rastro ya de Rastalf.

-¡Tío, has bateao a la pasma de puta madre! –Le dijo a Gabriel.

-Sí, ¿verdad? A veces el bastón me sirve para algo.

-¡Pero qué sueltas, zumbao! ¿No eras ciego?

-Sí, pero no me hace falta el bastón, es que yo tengo una excelente memoria fotográfica.

-¿Eins? –Soltó Drackk.

Gabriel rebuscó en su bolsa de caramelos y extrajo lo que había puesto Artemisa: La tarjeta de memoria de la cámara digital.

-Memoria fotográfica… -dijo divertido el de la cresta. -¡Que cabronazo!

Tags: Manada_Luna_Fría

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Comentarios
Por Rafa
Lunes, 22 de diciembre de 2008 | 12:33
Se hace muy facil de leer. Muy buena, Duende.

Por Taranis
Viernes, 09 de enero de 2009 | 15:28
Es algo que pide m?s tiene cuerpo,es envolvente es una lectura para deleitarse antes de dormir.

)o(

Bendiciones
 


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