Mi?rcoles, 10 de diciembre de 2008
Por Byjana @ 0:05  | Relatos
Comentarios (3)  | Enviar
Está quieta, terriblemente quieta. Está de espaldas. ¿Qué está haciendo? Me da pereza levantarme y mirar. Lleva los hombros al descubierto. Y tiembla, ligeramente. Me levanto. ¡Ah, no, es que mueve los dedos! Eso es. Está jugando con unos discos de metal, dorados, plateados y de varias medidas. Se los han dado algunos clientes. ¿Los está ordenando? Es muy organizada, como dicen los humanos. Es que ella es humana. Va vestida, a diferencia de mí. Lleva unos pantalones cómodos pero que le marcan mucho el cuerpo. A veces, cuando levanta los brazos mientras lleva las jarras de cerveza, la blusa le resbala de la cinta que lleva en la cintura y se le ve un poco la piel, una piel lisa y blanca… y los hombres la miran embobados. Y luego piden más cerveza. Lo hace a propósito, lo sé, empiezo a conocerla. Cómo también hace a propósito lo de andar haciendo ruido con los pies, calzados en las botas que siempre lleva. Cuando la escuchan venir, se apartan… ¡Pobres de ellos si no!

Y sigue jugando con los discos de metal. ¿Qué haces? Le pregunto, consciente que mi voz humana suena soñolienta. Hago caja, cielo, me responde, un día de estos te enseñaré a hacerla tú. No, le digo, parece aburrido ¿Porqué os gustan a los humanos tanto esas piezas de metal? Pero ella no me responde. Me vuelvo a tumbar. Fuera de la taberna llueve a cántaros. Me ha pedido que no salga esta noche… y yo me quedo para complacerla, pero a mí me gusta que llueva. A veces mis aullidos son más fuertes que los truenos, y así todos los animales saben quien manda. Y me gusta correr bajo la lluvia. Mi pelo queda empapado. Luego me sacudo… es una sensación muy divertida. Y cuando llego, ella siempre me espera con un trapo. Me limpia el hocico y las orejas. Y se preocupa por mí. Creo que es la primera criatura que conozco que se preocupa por mí. Mi padre y mi madre fingían que se preocupaban… pero no era de verdad, cómo no era verdad que fueran mi padre y mi madre, por eso les maté. Soy una cazadora. A ella no le haré daño. Ella y yo formamos parte de una manada. Ella diría que somos amigas. Es lo mismo, le diría yo. Pero cómo tiene esa facilidad innata para buscarse problemas, siempre que puedo estoy cerca de ella. Sé que tarde o temprano tendré la oportunidad de manchar mis garras de sangre.

Con un tintineo que indica que ya no tiene más ganas de jugar con las piezas de metal, hace dos montoncitos. Uno lo guarda en la caja de madera de debajo la barra, el otro lo envuelve en un trapo. Y se lo lleva. Siempre lo hace. Y cada noche el bulto que hace el trapo es más grande… y su sonrisa también. Me gusta que sea feliz. Es una humana interesante. Pero no entiendo porqué está sola, porqué no tiene un macho con ella. Es feliz siendo libre, como yo. Y habla con añoranza de unas criaturas a las que cuidó. Vi pena en sus ojos cuando me lo contaba… y no quise volver a preguntar. Pero ahora cuida de mí. A mí me gusta, y al parecer a ella también. Ha vuelto. Se sienta en un mullido asiento cerca del fuego y se tapa con la piel de un ciervo que cacé. Cambio de forma. Me acerco a ella y olfateo el fuego. Huele a resina fresca, esos troncos son demasiado verdes para arder… pero ella es capaz de hacer nacer fuego del hielo del estanque… Huele bien. Ella se ha quedado mirando el fuego, embelesada. No me ve que estoy a su lado. ¿En que piensa? Con el hocico toco su mano. Y ella repara en mí. Me rasca una oreja. Me encanta. Me revuelve el pelo del lomo. Me tumbo a sus pies. ¡Que calorcito más agradable! Bostezo. No estoy cansada, pero me apetece dormir, arrullada por el sonido del crepitar de un fuego que ella controla. No me puede pasar nada. Con esa seguridad, mis ojos se entrecierran. La miro, todavía mirando las llamas, la vista perdida… ¿En que piensas, compañera de manada, cuando el mundo a tu alrededor duerme? Es una humana extraña. Mis ojos se cierran. Jamás he confiado en nadie, soy una cazadora. Jamás he sentido apego por ningún humano, soy un lobo… Pero Byjana es distinta. En ella confío, a ella la aprecio… me siento cómoda. Apoyo mi hocico sobre sus pies… y me duermo a su lado.

Tags: Arlington, Fanfic, Fanfics_Varios

Compartir en:
Comentarios
Mi?rcoles, 10 de diciembre de 2008 | 0:42
Duende, me parece muy bonito, y muy tierno.

La mente de un lobo siempre es fascinante.
Mi?rcoles, 10 de diciembre de 2008 | 13:14
Me encanta. Simplemente genial.
Por Rafa
Mi?rcoles, 10 de diciembre de 2008 | 14:40
Muy chulo.
 


Advertencia: Todas las opiniones emitidas en este blog son hechas a título personal por cada uno de los autores originales de los artículos, así mismo, el contenido de cada artículo refleja únicamente las ideas y opiniones del autor original de la misma. Este blog no se hace responsable de los comentarios emitidos por sus visitantes y se reserva la potestad de moderarlos según sea necesario.