Lunes, 08 de diciembre de 2008
Por Byjana @ 10:00  | Relatos
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Las sensaciones que le producía su cuerpo lobuno le hacían ver el mundo de otro modo. Ciego de nacimiento, Gabriel podía oler matices en el aire que le definían los conceptos de la realidad cómo si pudiera verla. Madera y cuero, una silla. Cal, una pared. Un olor a humo, dulce y oleoso… para eso no necesitaba su nuevo olfato de lobo, es que estaba al lado de Rastalf.

Hacía rato que había dejado de prestar atención a sus compañeros, tal era la fascinación que le causaban sus nuevos sentidos de lobo. Hasta se había arriesgado a dar un par de vueltas al trote alrededor de la mesa. Oía las voces de los concurrentes, de hecho lo oía todo, sencillamente no le apetecía hacerles caso.

-…nuestra misión es servir a Gaya, en todos los actos de nuestra vida.- Decía Phillip.

Es que, por algún motivo, todo lo que decía le sonaba. En su fuero interno creía que en algún momento supo todo esto. Su doble naturaleza, su fuerza, su instinto,… eran viejos conocidos, pero es que de su pasado no se acordaba de nada. Quiso recuperar un poco las formas, ya tendría tiempo de descubrir más de su pasado en otro momento. A lo mejor se decía algo que pudiera interesarle. Además, era una falta de respeto hacia esa chica que le había rascado la oreja. Olía bien, a carácter, a aventura,… parecía bonita. Trotó hacia su asiento y se subió a la silla de un salto. Dejó que su cuerpo adquiriera su forma natural de crinos.

-…los conoceréis. Primero debéis probar vuestra valía, y que sois dignos de las misiones que os encomienden. Con el tiempo quizá en vez de hablar conmigo, lo haréis con ellos, con los jefes. Recordad que en todo momento debemos trabajar en la clandestinidad. No os acerquéis a ningún garou. Por rivalidades entre las diferentes tribus, ningún enemigo será peor que uno de vuestra misma naturaleza.

-Has dicho “vuestra”… ¿Tú no eres garou? –Preguntó Gabriel. Probó de husmearla, pero solo le llegaba el olor a rosas de su perfume.

-No. Yo también soy descendiente de hombres lobo, pero la diosa no ha querido bendecirme con el don del cambio. Yo soy lo que se llama un parentela. Aquellos humanos que no sean parentela no podrán veros, porque al mirar a un garou en crinos, les asalta el delirio, un pánico atroz que a veces llega a dejarles inconscientes. Para salvar nuestro trabajo encubierto, no deben saber de nuestra existencia, no debéis mostraros. También debo avisaros que no debéis volver a vuestros hogares, puede ser muy peligroso.

-No me ralles, chorva. -Dijo Drackk. –¡No me jodas que no podré volver a salir a la calle!

Drackk olía a asfalto y al aire contaminado de Barcelona. Creaba el mismo repelús que estar al lado de un león hambriento, pero le caía bien. Era mejor tenerlo de amigo que de enemigo. Y le divertía su forma de hablar.

-Me refiero a que no podréis volver a ver a vuestros seres queridos. Si alguien no deseado viera que alternáis con ellos, vuestros familiares tendrán los días contados.

-Disculpa. –Dijo una voz arrogante. -Yo tengo dinero, mucho dinero. Y también tengo una mansión y a Jeofry, mi chofer. ¿Me estás diciendo que debo prescindir de todo a cambio de que me salga pelo en las piernas?

La joven usaba un tono cortante que le hizo poner el pelo de punta. Por lo creído que lo tenía debía de ser realmente rica.

-Yo no digo nada, Natasha, sólo te aviso que si tú, como yo, valoras tu propia vida y la de Jeofry, te aconsejo que no vuelvas a tu mansión y que tu dinero lo pongas en otro banco, con otro nombre para que no lo relacionen contigo. Aunque todos sois libres para hacer lo que creáis conveniente.

Gabriel no sentía especial interés por lo que debía dejar atrás. Hacía tiempo que vivía en un piso de alquiler adaptado para invidentes. Echaría de menos sus padrastros, que eran como sus padres porque no se acordaba de los verdaderos. La perspectiva de ser lo que era, de ver sus limitaciones compensadas por un olfato portentoso y un oído extremadamente sensible compensaban con creces todo aquello a lo que se vería obligado a renunciar. Por cierto, ¿Qué era ese olor? ¿Caramelos de menta? Acercó su garra al sitio de donde provenía el olor, pero le sobresaltó recibir un azote recriminatorio.

-¡Oye, que los caramelos son míos, ahivá la ostia, joder! –Dijo el hombretón que había llegado el último a la cocina.

-No zeaz azí con el pobre, ¿No vez que le apetecen? -¡Que dulce era Artemisa con él!

-¡Que no! ¡Phillip me ha traído los caramelos para mí! Si quiere caramelos que se los pida a ella ¡Joder!

-¿No te enzeñaron a compartir en el cole, Pachiego? –Insistía la mujer.

Gabriel se divertía con la situación. Al parecer estos dos no habían empezado con muy buen pié. Un grito le sacó de sus pensamientos.

-¡¡Cuidado, detraz tuyo!!

¿Detrás del vasco? ¡Pero si no había nada! Como una centella, Artemisa puso un montoncito de caramelos en sus manazas. ¡Ah! Una gran técnica de distracción. Gabriel se llevó uno a la boca, pero su sentido del gusto había cambiado. No le gustaba el caramelo, era demasiado… sintético. Lo escupió sin mucho decoro. Y Pachiego le pilló.

-¡Eh! ¿Qué haces tú con eso? ¡ ¡Ahivá la ostia, joder! ¡Eres una guarra traidora, mujer! ¡Y haber si aprendes a hablar bien!

Gabriel disfrutaba de lo lindo. La discusión se dilató en el tiempo y al final perdió interés en ella. Desvió su oído hacia otras conversaciones más interesantes.

-Nos han encargado una misión. Es sencilla. Un garou traidor va a entrevistarse con un vampiro, un engendro del mal, aquí, en Barcelona. Se nos ha pedido que hagamos fotos del encuentro para probar su traición. El encuentro va a ser en el aeropuerto del Prat, a las seis cero-cero de la mañana. Al traidor lo conoceréis porque tiene el aspecto de un turista alemán, rubio y grande. Al vampiro le veréis como un japonés pálido y escuálido. Para la misión os puedo prestar una cámara reflex, algo vieja, pero totalmente funcional para el trabajo que nos solicitan. Tenéis varias horas hasta que debáis ir para allá. Haced lo que creáis oportuno en este lapso de tiempo.

-Disculpa. –Dijo Natasha con su toque de desprecio inherente en la voz. –Supongo que podrás darme algo que ponerme que sea más apropiado que esto.

-Buscad en los armarios de las habitaciones, hay ropas de diferentes tallas, a lo mejor encuentras algo adecuado.

-Lo dudo, pero gracias.

-Oye, Phillip, -Dijo el chico de acento extranjero. –Este paquete de tabaco, ¿Me lo puedo llevar?

-Claro, Demothy, coged lo que os vaya a hacer falta. Yo ahora debo irme, tengo asuntos pendientes que resolver. Nos vemos mañana, cuando la misión esté completada. Suerte.

Su silla se movió y el olor a rosas la acompañó hasta la salida. Escuchó el sonido de la puerta reforzada al abrirse y al cerrarse. Escuchó cómo se alejaba el sonido de sus tacones. La estancia quedó en silencio.

-Yo necesito volver a mi mansión. –Dijo Natasha, arañando el silencio como si pasara sus uñas sobre una pizarra. –Necesito recuperar enseres de vital importancia.

-¿Qué es lo que necesitas, tía? –Preguntó Rastalf.

-Mi visa platinum.

Tags: Manada_Luna_Fría

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Comentarios
Por Rafa
Martes, 09 de diciembre de 2008 | 15:51
Ju ju ju, la primera misi?n.

A ver que tal sale el asunto. Si no fuese tan temprano la llevar?an clara, ser? que no hay japoneses y alemanes en el Prat xD

PD: Para publicar esto tengo que escribir gurzo698. Creo que es la palabra pronuciable m?s larga que me ha salido hasta la fecha. Mmm, Gurzo... Me lo apunto como posible nombre de PJ.
 


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