Viernes, 14 de noviembre de 2008
Al fin, tras varios intentos, Celéstia tiene el honor de disponer ahora también del sistema operativo Ubuntu del que os habló Lizar. Yo lo voy a hacer de nuevo, pero desde el punto de vista de un novato que ha necesitado de un “How-to” varias veces para poder llegar a este punto. Como ando jodido de tiempo, dividiré esta idea en tres artículos: Una, la presentación del sistema y producto, con todas sus bondades y demás; la segunda, la más importante, la instalación del mismo, y el tercero, todo lo necesario para que, una vez tengamos Ubuntu, también dispongamos de un sistema en el que nos sentamos cómodos trabajar con él.

Ubuntu, como os habrán explicado cientos de veces, es un sistema operativo basado en Devian, y al mismo tiempo, en el núcleo Linux. Comparte, por lo tanto, ciertas características con sus homónimas distribuciones y, sorprendentemente, con los sistemas operativos Mac. Ubuntu es Software Libre; cualquiera puede cogerlo, modificarlo, y luego volverlo a distribuir, y Ubuntu es compatible con cualquier plataforma basada en sistemas X86 o X64 AMD, para los cuales dispone de sendas distribuciones (Aunque yo no os recomiendo la de 64 bits... )

Como cualquier otro sistema operativo, Ubuntu puede instalarse en cualquier partición que queramos, y también dispone de características própias que facilitan su uso: La primera de todas, es que puede leer y escribir sistemas NTFS, por lo que podremos acceder a nuestra partición de Windows siempre que queramos, o crear una de datos para que ambos sistemas operativos la compartan. La segunda, es que constantemente se está actualizando. Esto quiere decir que posee muchísimos parches que casi cada tres días vamos a tener que ir sobreescribiendo; y la última, es que a pesar de que también existen virus para Ubuntu, el hecho de que lo soporte una comunidad implica que cualquier vulnerabilidad en el código a la larga se capta muchísimo más rápido que cualquier otro sistema operativo cerrado (El llamado Feedback)

Sin embargo, Ubuntu no deja de ser Linux, y eso implica que, aunque Canonical intenta que todo sea gráficamente más bonito, debamos darle un cierto uso a una maquinita llamada Terminal (Primero punto comparativo con Mac). Esta cosa no deja de ser algo parecido a ms-dos y que desgraciadamente vamos a tener que hacer buenas migas con él si queremos llevarnos bien con el sistema. No es difícil, menos con la 8,10 de Ubuntu que hasta hy posibilidad de meter un instalador a lo Windows Installer o parecido (Llamado Automatix, aunque descontinuado de momento) y que nos facilita las cosas a la hora de querer meter programas no soportados por Canonical o la Comunidad, pero implica que hay que ir con cuidado, pues cualquier paso en falso podría enviar al cuerno todo el sistema. También podemos tirar de Synaptic.

Mis pericias empezaron cuando, a vista de que le faltaba a Microsoft aun un año para sacar el SP1, instalar el Ubuntu 7.04 en el pc. La versión de 64 bits, que no fue ni mucho menos una gran experiencia;desastrosa: No habían programas apenas para tal versión, Ubuntu no era capaz de emular del todo programas de 32 Bits (Por aquel entonces, de hecho, no era capaz de emular NADA que yo quisiera) el kernel se fue al cuerno, Nautilus también, internet iba como el culo y Lizar se quedó flipando al ver que los SO de 64 bits seguían sin ser demasiado estables. Desinstalé y volví a probarlo, esta vez con una prueba de 32 bits. El resultado fue el mismo,

No lo volví a intentar hasta la 7.10 por petición del mismo lagarto, y aunque tras oootro cuarto de hora de particiones y chorradas, un problema vino a mis manos: La conexión a internet. Tortuosa e impredecible, Ubuntu se desconectaba al poco rato y me dejaba en manos del destino o de la conexión Local, aunque por suerte, esa vez, el Kernel no petaba a la primera ni tampoco Nautilus. Otra vez, tuvo que ser desinstalado (No podía ni navegar) , y yo al final me rendí.

Pero llegó la 8.10. Como soy cabezón, lo volví a intentar de nuevo con ayuda del informático de turno, y cabe decir que estoy muy contento. Es estable, es fiable, apenas se me ha colgado, y para las cuatro chorradas que yo hago cuando no tengo que hacer deberes o no me piden cosas de diseño, me va de maravilla. Además, con Compiz, consigo recuperar todo aquello que utilizo en el instituto con los mac, así que me siento casi como en casa. Pero una de las grandes ventajas a partir del cual he sabido apreciar este sistema operativo es por su capacidad de recuperar discos duros cuando estos petan. Si Windows se va a la mierda, tener a mano un disco Live de Ubuntu es sinónimo de poder recuperar toda la información en el 90% de las posibilidades, y si no, decidselo a mi tia, que esto ya le habrá salvado... Como 4 veces, por lo menos. Y ahora, con su capacidad de escribir y leer discos NTFS, está mucho mejor.

Ubuntu incluye también otras mejoras. No solo Compiz ayuda, también cosas tan obvias como "no aceptar mensajes importantes mientras estamos hablando con un amigo", múltiples escritorios, una papelera de reciclaje que funciona igual de bien que en los Mac (Con sus mismas funciones) y una capacidad de iniciarse y estar listo brutales. En definitiva, que para lo que yo solo necesito, Ubuntu va redondo, redondo.  Para todos aquellos frikis informáticos, si solo escribís en un word, navegáis por internet y hablais por msn cuando no tenéis nada mejor que hacer, Ubuntu es una buena opción. Y yo al menos ahora dispongo del 97% de la capacidad total de Celéstia en cuanto a potencia para hacer... Lo que me de la jodida gana.

El próximo artículo: Como instalarlo. Ale, que os den dos duros.
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