

Aproximadamente las ocho de la tarde, Plebe y Sharra esperan un autobús para ir al centro comercial de Diagonal Mar, utilizan el protocolo establecido, cotorrean cual marujas en la cola de la carnicería… Es entonces cuando son interrumpidas por una serie de claxons estridentes que provienen del otro lado de la calle. Por mala fortuna, un autobús les impide ver qué pasa, pero cuando este arranca, vislumbran a uno de los seres a los que nunca se le debió de permitir tener carnet.
Un coche rojo, conocida a partir de ahora como la Dominguera, está parada en doble fila en una calle de tres carriles con las luces intermitentes puestas. Aún así no entendemos por qué le pitan tanto los dos coches de detrás. Unos segundos más tarde lo entendemos, la Dominguera está dando marcha atrás, mientras que los coches posteriores quieren pasar al carril de su derecha. La tía, en vez de esperarse a que pasen los coches, sigue dando marcha atrás, hasta que por obra y gracia de la destreza automovilística del de atrás, este consigue salir haciendo un megagiro en poco espacio (y con la tía, más terca que una mula, acercándosele).
La cosa no acaba aquí, puesto que la chavalina daba marcha atrás para ocupar una plaza de aparcamiento… ¡¡EN UN VADO!! ¡Bravo! Jodiendo por completo a cualquiera que saliera de ese parking.
La guinda final la puso cuando dando marcha atrás ya en su lugarcito, se ha pasado de rosca y ha derribado a una moto aparcada justo detrás, tal ha sido mi jolgorio que Sharra puede atestiguar que le he gritado un “¡¡¡OLE TÚ!!!”, ante el morro destilado al ni tan siquiera molestarse en volver a colocar la moto bien ni en mirar si la había cascado. No, no, sencillamente ha cogido una bolsa del maletero y se ha ido tan fresca hablando con el churri por el móvil…
¡¡Vivan los buenos conductores!!
¡¡Bezoteeeez!!
Plebe.
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