Lunes, 13 de octubre de 2008
Por Byjana @ 7:00  | Relatos
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Mis ojos nunca se habían posado sobre él… El corcho de las notificaciones de la empresa Guayphone. ¿Por qué me ha llamado la atención de repente? Nada más girar la cabeza lo he visto, una hoja escrita a mano, “Inscripciones para el sindicato”, el plazo acaba hoy y no hay un solo nombre escrito. El segurata me dice que es porque a nadie le gusta eso de solucionar cosas…
Con una sonrisa cojo un bolígrafo y apunto mi nombre. La verdad es que el tema no me ha interesado nunca, pero… en este mundo debéis de saber que hay fuerzas ajenas a nosotros, que con su energía reconducen nuestras vidas en pos de la verdadera felicidad. ¿Qué, no me creéis? Bueno, cada uno allá con sus creencias, ¿no?

¡Ayayayay! ¡¡Mi descanso!! Acaba de acabar, me va a caer una buena, ¡me lo descontarán del sueldo! Acelero el paso, un chico y una chica se chocan a escasos metros de mí, pobrecita se ha hecho daño en las costillas, espero que no pida la baja… Podrían despedirla... ¡No!  ¡No hay tiempo para eso! ¡El descanso!
Llego, pero la mirada del coordinador me deja bien claro que no a tiempo… Cojo una nueva llamada y mientras el cliente trata de recordar su número de teléfono, veo cómo la chica que se ha chocado se va… Anda, ¡pero si yo la conozco! Es esa que nunca quiere estar con nosotros en sus descansos, es un poco rarita, pero es graciosa cuando imita a un papagayo sobre la silla (y este recuerdo hace que se me escape una risita, por suerte tengo el mute puesto).
Mientras pasan las horas y los clientes, no puedo evitar pensar en cómo sería si yo fuera del sindicato… Seguro que hay maneras de evitar despidos cuando alguien está de baja… Oh, y dejaría esas tontas luchas sindicales, ¡por el bien de las personas! Jaja, parezco una superheroína, puede que me haga más ilusión de lo que pensaba un puesto en el sindicato.


Han pasado ya cinco días desde que puse mi nombre en aquella lista, pero no me han dicho nada, será que no sirvo para el puesto, lástima. Bueno, al menos la chica que se hizo daño, que por cierto, dicen que se llama Plebe, ha vuelto, aunque se la ve bastante apagada, ¿le habrá pasado algo? Lleva algo entre sus manos, un papel que dobla y dobla, hasta hacer un comecocos. ¡Me encantaba jugar con ellos de pequeña! Me pregunto qué cosas apuntará en él…
Casi pego un bote cuando una mano se posa en mi hombro, es el supervisor, con una radiante sonrisa que no le pega nada, cómo se nota que no está acostumbrado a sonreír. Me felicita, ¡ya soy del sindicato! Trabajadores de Guayphone, ¡preparaos! ¡Ahí voy!
Todos se alegran, pero Plebe no, tan solo baja la cabeza y sigue jugando con su comecocos…


Mi primer día en el sindicato, el segurata me ha dado ánimos, le he comentado un par de ideas y le han encantado. Entro en la sala que nos dejan para reunirnos y saco las notas con mis ideas para mejorar la calidad del lugar y que así los trabajadores estén más cómodos. Pero ellos no parecen estar interesados, me ignoran, se ponen a hablar de televisión o de futbol.  No puedo evitar sentarme en silencio en una de las sillas, soy como una muñeca de la que ya no quieren saber nada. Tiro mis notas a la basura y cuando se acaban mis horas sindicales, vuelvo para atender llamadas.
Plebe ha hecho un nuevo amigo, un chico de empresas, con el que no para de enviarse mensajes con gestos, llega un momento en el que ella me mira y me imita al papagayo en el respaldo de su silla. Río, lo necesitaba. Gracias.


Hace tres días que soy sindicalista y no he hecho nada de lo que me había propuesto, ¡menuda pelele! Saludo al segurata, que me alza el pulgar instándome a que no me rinda. Plebe parece que no ha venido hoy y el chico de empresas tampoco, qué raro. Mi coordinador me dice que los dos han sido despedidos por hacerse gestos… ¡¡Esto es el colmo!! ¡Pantallas que no funcionan, sillas rotas, programas defectuosos, suciedad, pulgas, normas ridículas y asfixiantes! ¡¡Estoy harta!! Golpeo mi mesa con fuerza, el coordinador no se atreve a decirme nada, nunca me han visto así y la verdad es que yo tampoco. Me levanto y activo mis horas sindicales, voy a decirles a todos cuatro cosas bien dichas.
Paso junto al puesto de Plebe y al igual que extrañas fuerzas hicieron que mis ojos se posaran sobre el corcho de notificaciones, mis ojos se posan sobre un dibujo hecho con lápiz en su mesa. Un papagayo que dice “WC3”. Mojo mi pulgar de saliva y borro el dibujo para dirigirme sin falta a los baños de mujeres, tercera puerta, ¿verdad Plebe?

Cierro el pestillo y empiezo a buscar aguantando un poco la respiración, como siempre, huele que tira para atrás. ¡¡Allí está, encima de la cisterna!! ¡Un sobre! Apoyándome sobre la puerta leo una nota del interior “Hay un traidor en el Squadron”. Suspiro, no entiendo nada… ¿Uh? Hay algo más dentro del sobre… El comecocos.
Distraídamente lo muevo y despliego una de las esquinas, “Nuevas sillas”… Abro otra esquina, “Edición de revista con noticias que les interesen a los trabajadores”…  Y otra, “Limpieza y desinfección más efectiva y más a menudo”, “Mejora de los horarios”, “Reparación de pantallas”, “Sueldos más dignos”, “Denuncia de abusos”…
Esto son… son mis ideas… Mis notas…


Plebe y Master hace días que no vienen, ni tan siquiera les he visto venir a recoger su cheque de despido, pero de eso ya me encargaré más tarde. Ahora disfruto viendo cómo todos poco a poco se sorprenden al ver nuevas sillas en sus puestos de trabajo. El supervisor está que trina, aunque la puerta de su oficina está cerrada, todos oímos que alguien ha usado los datos de la empresa para comprar nuevo mobiliario. Y lo mejor de todo es que no lo pueden devolver, alguien ha rayado un poco la parte de atrás… Je, je…
- Ohh… ¡Qué comoda!...- dice Sharra a mi lado mientras se reclina sobre su asiento.
- Si, si, ¿pero quién habrá sido?- pregunta Guybrush.- Está claro que la empresa no.
- Pues… Habrá sido un duende, ¿no?- dice el segurata detrás de ellos mientras me deja un café sobre la mesa y me guiña un ojo.

Sonrío mientras se marcha, y cojo el comecocos. Levanto una nueva esquina, “Edición de revista con noticias que les interesen a los trabajadores”.
No tengo superpoderes, no soy una superheroína, solo soy la guardiana de los seres que habitan en este lugar, este es mi bosque, y yo soy su Duende.

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Algo huele mal en el Squadron.... ¿Podrá alguien lavar esos trapos sucios?


¡¡Beseteeeess!!

Plebe.

Tags: Guayphone_Squadron

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Comentarios
Lunes, 13 de octubre de 2008 | 12:41
The Guayphone Squadron is back.

Por f?n, que ganas tengo ya de leerlo (y a poder ser, de vivirlo).

Como siempre Plebe, escribes fant?sticamente, y nos dejas con ganas de m?s
Por Pakho
Lunes, 13 de octubre de 2008 | 13:40
En mi oficina hacen falta muchos duendecillos como t?. Pero muchos.
Martes, 14 de octubre de 2008 | 20:15
Genial. (*clap clap clap*)
Parece que Plebe y Master de Guayphone Squadron no se march? sin dejar las cosas bien hechas, no.
 


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