Hace mucho tiempo que no veo la tele. Lo intento, pero apenas hay ningún programa que me llame la atención y los que lo hacen corren el riesgo de ser prostituidos con todo lo que es conlleva. Recuerdo que de pequeño me sentaba delante del aparato y contemplaba maravillado pingüinos de plastilina, canguros que jugaban a Basket, princesas con genios atrapados en una lámpara, cazadoras de cartas, y perros adoptados por un granjero.
Recuerdo también bebes que llegaba a la puerta de un hombre que se acostaba con todas y como castigo debía cuidarla, de una bruja novata, de una farmacia que hacía de todo menos vender productos, o de un médico que tenía una familia a su cargo. Todo eso se perdió, básicamente porque mi paciencia ya no llegaba a tanto y porque cada vez mas las estupideces que veía sobrepasaban mi cupo.
No se si mi memoria falla, pero por entonces, las cadenas televisivas no experimentaban tanto, o no se atrevían a hacerlo. Existía dos tipos de televisión: Aquella que sabía que triunfaría y desde un principio pensaban en hacer varias temporadas, y aquella que ni de broma iba a aguantar tanto el paso de los años y la destinaban a una, como mucho dos, y se cerraba. Me resultaba tan fácil seguir esa mecánica que detectaba cuales eran las segundas y me sentaba a verlas, contento, asimilando todos sus argumentos.
Lo hacía por dos lados distintos. Por una, con la extinta Club Super 3 “Tarda” y por otra, por la
noche los domingos. Con la primera podía estar seguro de que, viera lo que viera, iba a tener la serie íntegra, con todos los capítulos, y que en ningún momento me la iban a cortar. Por eso, fui capaz de ver de cabo a rabo Tabaluga, Los Kangoo, y muchas otras. Y los domingos, “Un chupete para ella” y derivados. E incluso me atreví a seguir una bastante larga: Expediente X.
Pero pasaron los años, y vi el destrozo que me hicieron. Club Super 3 pasó a llamarse por una parte 3XL.net y con ello todo lo que conllevaba: Series que venían con retraso e inconclusas, ya que en vez de comprarse todas las temporadas o dos o tres, solo se compraban los primeros 13 capítulos y ala, a esperar 2 simpáticos años a que se les ocurriera la brillante idea de comprar otros 13. No se cuanto tiempo vi Detective Conan, creo que hasta la cuarta temporada, que fue donde TV3 metió el tijeretazo y las siguientes empezaron a venir… Cuando les salía de las pelotas. No me acuerdo, ya aviso, pero esa es la sensación que tuve. Total, que a la larga desistí, porque me daba rabia empezar, no se, Inuyasha, y encontrarme que ¡Oh! Hay que esperar otro 2 años a que traigan más capítulos. NO.
Los domingos también me los estropearon. Las series de dos o tres temporadas se empezaron a convertir en series de catorce o quince, porque los guionistas habían descubierto un método que servía: Cambiar actores/personajes. De esta forma, si el protagonista se cansaba, lo cambiaban por otro, y ala, otros cuatro años más en antena, hasta que finalmente a la cadena le baje tanto la audiencia que le tiene que pegar corte. Y entonces un servidor, que ha esperado siete temporadas, de repente se queda sin final.
Así, el televisor fue substituido por internet, donde se que tengo múltiples opciones. La televisión ha ido a peor, entre el éxito de La Tómbola y Gran Hermano, y como seguimos explotando la telebasura. Al final, me preguntan porque me bajo las series japonesas/coreanas/taiwanesas/americanas de internet, y es que tampoco me puedo fiar de eso: Emiten cuatro temporadas de una serie extranjera de éxito con un año de retraso y luego… ¿Que se hizo del resto? Nada, hombre, paso de volver a meterme por el aro.