
Hoy hemos tenido que sacrificar a mi perro. Estaba sordo, ciego y con un tumor en el estómago. No pienso que ahora esté en un lugar mejor, se que se ha ido para siempre, no lo voy a volver a ver, no existe el puto cielo de los perritos. No recuerdo los años que tenía porque ni tan siquiera recuerdo los que tenía yo cuando se unió a la familia. Me he reído viéndole dar saltitos detrás de una pelota de goma y me he enfadado cuando se ponía a correr detrás de las motos de la carretera. Era un perro cojonudo, ostia puta.
Se que no te gustaba cuando lloraba y te ponías a ladrarme, pero déjame que derrame estas lágrimas por ti y te prometo que mañana volveré con mi sonrisa.
