Puede que muchos no me creáis, casi no me lo creo ni yo, pero en mi oficina, habitan duendes... Duendes okupas, además de ladrones, que salen a las noches, cuando no hay nadie en la oficina, a ejecutar sus fechorías. De momento no son peligrosos, pero Dios sabe qué llegarán a hacer si los dejo escampar a sus anchas. De momento, se conforman con abrir el armario del material, coger las herramientas de escritura, y repartirlas en exceso por los cubiletes de cada mesa en los despachos, con la consecuencia, de que al día siguiente, a alguien siempre le faltarán bolígrafos, y alguien tendrá cuatro de cada color... Suerte que ahí estoy yo para que cada mañana, revisar las mesas y poner un poco de orden, devolver al armario del material los excedentes, darles a los hambrientos de escribir una herramienta para hacerlo y proporcionar apoyo psicológico a aquellos que vieron como su boli
de la suerte desapareció y se perdió en el olvido.
Las compañeras de oficina dicen que solo son travesuras, que les deje hacer a aquellos duendes, pero no puedo estar tranquila, porque yo se que todo esto forma parte de algo más grande... Se están preparando, nos están estudiando. Aprenden de nuestras pautas, si aún no han hecho anda, es sencillamente porque saben que cada mañana yo desharé el entuerto. Saben que yo soy su némesis natural, la recepcionista recolocabolis. Saben que sin mí no hay más material que desordenar, porque yo soy quien lo pido. Por una parte su enemiga, por otra, su abastecedora... No pueden eliminarme, pero tampoco pueden permitirse que eche por tierra sus planes... ¿Tratarán de convencerme de que su lado es el mejor? ¿Me ofrecerán algo, o sencillamente usarán hábiles trucos de control mental? Quién sabe, tal vez ya esté siendo controlada por ellos, y el hecho de que yo retire esos bolis cada mañana forma parte de su astuto plan... Yo ya no puedo firmar de nada...
¿Qué debería hacer? Nadie me cree... Y los duendes siguen ahí... Esperando...
¡¡Bezoteeeez!!
Plebe.