Eso es lo que le va a caer a una que me se yo, pero es que fue tan irreal, que cada vez que pienso en ello, aun me descojono. Ayer llamé a la Mútua para pedir hora al dermatólogo tanto para mí como para mi hermano. La conversación en el teléfono fue tal que así:
Albert: Hola, buenos días. Quisiera pedir hora para el médico de la piel, el dermatólogo.
Chica: Ajá, espera... Bueno, la persona que se encarga no está disponible, pero puedo hacerlo yo igual (¿Ein?) Dígame su nombre, por favor.
Albert: XXXX XXXXX, y mi hermano, es XXX XXXX
Chica: Vale... Pues te lo pongo para el miércoles a las 12.
Hasta aquí todo bien. El problema vino cuando llamó mi abuela de nuevo, pensándose que no había llamado al médico, y la liamos. La chica que se puso volvió a darle hora el día 11, a lo que salté yo que ya tenía hora. Cuando volvió a llamar para rectificar, la mujer al teléfono le contestó que no, que no tenía yo nada en mi registro y que era imposible que además me hubieran dado esa fecha, que el dermatólogo venía siempre los jueves por la tarde... . Pero sí, resultaba que tenía hora...
... para EL REUMATÓLOGO.
¿Reuma? Joder, tengo 21 años, mi hermano 11, ¿A donde vamos nosotros con el tema del REUMA? Y encima, flipante, había dicho que quería EL MÉDICO DE LA PIEL. ¿Que parte de la frase no había entendido? Las carcajadas fueron mayúscula, obviamente, y nos estuvimos riendo un buen rato. Imaginaros que voy allá, al reumatólogo, y le pido que me eche un vistazo al cuero cabelludo...