Llego a casa, me voy a la cocina, me pongo a cenar, y mi abuela me comenta que ya está bien de irme a dormir a las dos de la madrugada porque le he pegado una clavada enorme a mi madre en su factura de la luz. Yo, alucinando, cojo la factura y miro. 235€. Sí, realmente ha sido una clavada, pero... ¿He sido yo?
Varias hipótesis confirmaban de mi lado que yo no era el culpable. Por una parte, a partir de las diez se pasa a consumo nocturno. Luego, estaba trabajando, ente, yo usaba muy poco el ordenador. Como mucho, podía ser culpa del uso de mi estufa, así que decidí finalmente tomar recursos por mi parte.
Durante dos meses, no usé la estufa con tal de no provocar subidas, ni por la mañana ni por la noche (Helándome de frío, como no) y usando el PC bastante poco (Lo que provocó que me acabara muchísimos juegos) El resultado fue simplemente un descenso de unos 40€ a ojo, pasando de 235€ a 189, cosa que provocó nuevamente iras y desconcierto, porque yo ya no era (¡Estando en casa todo el día!); ente... ¿Que podía ser? Porque encima Fecsa-Endesa nos clavaba una de multas por costes de 15€ o 5€ por exceso de consumo (En el que no podemos consumir más de 1.100 Kw)
Empezamos a controlar el contador, calculando los pasos que hace, mirando cuanto gasta, etc. Llamamos a las compañías, pedimos una revisión de contados y en ese mismo instante, todas las sospechas se centran en la otra estufa que tenemos, la del comedor, la cual llevaba ya meses diciendo que apestaba a quemado cada vez que la encendían y cuyas chispas no me molaban nada. Cuando viene el revisor, pongo la estufa, y premio: 5Kw en tan solo diez minutos.
Obviamente esta comprobación nos costará otros 40€ que se abonarán a la factura. Esperemos que ahora, con la estufa en la basura, que finalmente podamos dormir en paz sin estar pendientes de cuanto gasta la luz.
Moraleja: Estufa que apesta, factura que hace llorar tu bolsillo.


