
Como tenga que arreglar una impresora mas, no me cortaré las venas, ¡me las raparé al cero!
A ver, entiendo que esto es una escuela de primaria, y por lo tanto, no vamos a montar grandes servidores HTTP y FTP con acceso de admin. por Telnet sobre GNU/Linux en línea de comando (y si lo tuviera que hacer, también me cortaría las venas, todo sea dicho), entiendo que aquí es mas como una oficina cuotidiana en la que los ordenadores son una herramienta secundaria que se usan para preparar la faena principal, y lo agradezco, ya que así están libres a ratos para escribir estas chorradas.
¡Pero me gustaría poder hacer algo que no fuese arreglar impresoras!
Al principio hacía faenas variadas, miraba ordenadores que no iban, le hacía apaños a la red, incluso nos miramos la
web del centro (pero luego se queda en nada porque no hay material con la que actualizarla…). Entonces llegó diciembre y la terrible temporada de imprimir notas.
Os lo explicaré: casi cada profesor es tutor de un grupo, mi madre, por ejemplo, es la tutora de 4ºB (si, soy un ENCHUFADO, ¿algún problema?), el coordinador de informática, alias “Mi Jefe” (solo alias, no te enfades Byjana), el de 3ºB, y un largo etc… El caso es que cada tutor tiene que imprimir las notas de todos sus alumnos.
Las notas son un boletín detalladísimo con 6 páginas, con una o dos asignaturas por página.
Bien, sucedió que por esa época, Mi Jefe estaba de baja por un problema de lumbago, y el segundo coordinador por piedras en el riñón.
Estaba SOLO a cargo de 72 ordenadores, 1 servidor, y 12 impresoras, 6 de ellas de red y las otras compartidas por el ordenador al que estaban conectadas.
Sí, mi escuela tiene MUCHOS ordenadores.
Cada mañana me encontraba alguno de los ordenadores de la sala de profesores colgado, con la impresora a la que le habían sacado las hojas de la bandeja para que no escupiese papeles impresos al azar, y la pantalla apagada para que no se viese el Windows colgado al que le había desaparecido la barra de tareas con el menú Inicio y también los iconos del escritorio.

¿Cómo era posible esa aberración? Muy simple: calculad, a 6 páginas por informe, 25 alumnos de media por aula, hacen 150 páginas a imprimir por profesor.
Ahora imaginad que le pasa a la memoria de una impresora láser si le envían 150 páginas de una sentada.
Caos.
Pero caos del gordo.
Claro, los profesores son gente con mucha prisa, no podían estarse quistecitos en el ordenador que tiene la potencia de un Pentium 3 a esperar que acabase de imprimir un informe para enviar el siguiente.
LOS ENVIAVAN TODOS DE GOLPE para poder irse a corregir exámenes o lo que fuese.
El resultado: cuando no me iba a arreglar impresoras que se habían puesto en huelga y habían decidido desinstalarse de los ordenadores, o cuando no estaba cambiando cartuchos de tinta o tóners de las láser, me sentaba en la sala de profesores y advertía a cualquier profesor que se acercase que los informes LOS IMPRIMÍA YO. Así de claro, me era menos faena encargarme de la impresión de 25 documentos de un profesor que arreglar el lío que montaría si lo hiciese el mismo.
Evidentemente, ellos estaban encantados de la idea y me confiaban sus pendrive sin quejarse.
Y evidentemente, cuando llegue Semana Santa y acabe el 2º trimestre, volverá a repetirse la broma.
Bueno, por suerte ya ha pasado esta oscura época. El problema es que, en vista de mi habilidad poniendo a tono esas máquinas de chupar tinta y escupir papeles, ahora Jefe me ha dedicado exclusivamente a esa tarea.
En lo que llevo de semana, he instalado 2 impresoras y arreglado la configuración de otras 3.
Solo eso.
¡Quiero trabajar! ¡Por Dios! Arreglar la chapuza de cables que tienen liados con la red, rediseñar la web para que cumpla con los estándares de la W3C, lo que sea, pero ¡NO MAS IMPRESORAS!
Ale, que a gusto me he quedado.